HERMANO PERRO
para Sofia y Oso
Oso y Sofia, amigos por siempre acompañandome en las jornadas de trabajo
Donde no hay noches solitarias mientras ellos estan cerca
En el trabajo y en el ocio, siempre ahi están.
Aqui en el ocio?. Bueno, una característica de Sofia es que siempre tenia hambre...
INTRODUCCIÓN
- Para Sofia y Oso, que estan en mi corazón, en mis recuerdos.
Son una marca en mi vida que no se borra, y se que con solo girar mi vista e imaginar un día bajo un sol otoñal, con mi pala cavando los voy a ver. Cargando cajones y ellos detras. Cocinando junto a la parrilla y ellos felices sabiendo el premio que viene. Esperando una caricia, esperando un instante para jugar ... siempre ahi. Seres únicos e irrepetibles.
Para ellos.. HERMANO PERRO.
Mi agradecimiento al Arzobispo de Argentina de la Iglesia Episcopal Antigua, Monseñor Juan Carlos Urquhart de Barros por compartir esta pieza literaria de Manuel Cepeda Vargas.
Xristos Anesti!
+Teofano, Juan Manuel Garayalde
Iglesia Ortodoxa Bielorrusa Eslava en la Argentina
www.panaghia.org.br
Los eternos juegos con Sofia. Lo que daría por un juego mas.
HERMANO PERRO
(fragmento)
Hermano perro: eres una bendición
pendiente de las genialiadades del hombre, eres la virtud con dueño,
eres la moral rebajada, eres una prenda de Dios empeñada en un hueso.
El
vulgo que desprecia todo lo que no presume orgullo, ha dado a tu nombre
el significado de la bajeza. Y eres digno de una idea superior, y el
concepto de la canalla te ofende.
A tí perro, que eres fiel y constante, a tí que no sabes ni de mentiras ni de traición, te llaman perro, y eres un caballero.
Tú
no conoces el interés, tú no meditas el mal; y al hombre que traiciona,
y al hombre mezquino, le llaman perro. Tú sigues al hombre sin tentar
fortuna, sin esperar favor. Le sigues por que le debes el ser su perro,
por que te permite tener dueño.
Oso, tratando de dormir mientras lo embromaba con la cámara
Oso el peludo amigo, que siempre me recibía por las mañanas llorando de alegria. Que mejor recibimiento?. Como olvidarlo?.
La voluntad de tu amo, a claustruo de
cadena, te hace religioso del odio, y cuando ese odio le enfada, tú te
humillas pidiéndole perdón por el mal que te enseña. Bondadoso perro:
estás lejos de ser un hombre, pero casi eres un ángel.
Tu alma niña
no pasa del candor de la infancia, y tu fuerte corazón es dulce como el
la paloma y valiente el del lobo. Tu valor sin reservas, es la presencia
de un alma pura, expuesta sin fueros de conciencia. Tu lengua que crece
en el cansancio es un desahogo de la grandeza de tu corazón, que
palpita a la vista.
Siempre encontrabamos algo con lo que jugar.
Tu mayor nobleza corresponde a tu mayor tamaño.
Un perro grande es la bondad proporcional a un hombrón de bien. La moral
divina, enseñando en la cruz la resistencia de tu carne, llevó la
fortaleza de su humildad a la gloria; y la divina poesía elevó tu
miseria al trono de la belleza, dando al poeta tu sangre pobre y
soñadora, de bohemio sentimental iniciado en los sortilegios de la luna.
El
irracional es por naturaleza destructor y libertario, y tú eres el
único animal que se apega al hombre para servirlo con bravo carácter de
vigilancia del bien ajeno.
Siempre ahi.. sin apartarse, como si me cuidara.
Y creo que en el fondo era asi.
Eres como la espiga del trigo, que en la
tosca aspereza de su hábito rústico, guarda rica bondad arrancada a la
flaca tierra del erial, y en tu canina naturaleza, de un modo espontaneo
florecen los buenos instintos, como los árboles de tarco en las áridas
serranías.
Hermano perro: mi apóstrofe no es para cualquier perro. No
es para el perro de sport, ni para el de lujo, ni para el de sangre
alquitranada en instinto de crueldad. No es para el mimado perrillo de
salón, que suplanta a la flor y al niño en la tierna solicitud de la
dama. Es para el perro guardián, es para el perro servidor.
Dios me dió estas camaritas para inmortalizar a mi Sofia, y asi querer recordarla en sus juegos cuando lo desee.
A tí, que
con el alma clara de tus claros ojos, dices palabras vírgenes del
comercio de los hombres. A tí, que en la melancólica dulzura con que
arrimas tu cara, como un bálsamo de amor, al cuerpo del ser dolorido,
revelas más alma que un pozo de sabiduría.
A ti que en la
espontaneidad con que socorres al desgraciado tienes más humanidad que
la humanidad misma. A tí, perro salvador, que sacas al náufrago
desfallecido de las aguas que dominas como si alguna ondina fuera tu
madre.
A tí perro, cruzado de la roja insignia, que para avisar al
socorro husmeas la sangre de los moribundos Abeles, vertida por la
gloriosa estirpe de Caín.
Lo que daria para tenerlos a los dos juntos otra vez
Siempre confianzuda. Cuando yo estaba, no obedecia a nadie. Ella siempre a mi lado celandome.
A tí perro amigo, compañero del sacrificio
del pobre, que prefieres vivir miserias y arrastrar flaquezas, antes que
abandonar al único ser que para tí es señor, aunque sea un mendigo que
se muere de hambre.
A tí perro familiar, que con bondad y mansedumbre
de santo, pareces sentir los dones del alma, en la paciencia con que
toleras a los niños que te estropean en sus juegos.
A tí, noble fiera
que encarnando la bravura de la puna, guardas como si se tratara del
tesoro del mundo la choza del paria. A tí perro, auxilio del caminante
en los montes nevados, que semejas un Vicente de Paul disimulado en
pieles.
A tí, perro providencia de la vida glacial, que eres en las
nieves como un pedazo de la sombra del seráfico de Asís. A tí, sencillo
idealista sometido a la follona grosería. A tí, can Quijote de Sancho el
caballero. A tí bestia cristiana, grande en nobleza, en valor y en
perro, es a tí a quien yo hablo y llamo con amor: Hermano perro.
Manuel Cepeda Vargas
Colombiano, Armenia, 13 de abril de 1930 - Bogotá, 9 de agosto de 1994.