sábado, 16 de mayo de 2020

La Pandemia, 100 años después



LA PANDEMIA, 100 AÑOS DESPUÉS



La Gripe Española de 1918. Fue conocida con ese nombre porque el gobierno de España fue el único que rompió el silencio sobre esta pandemia, cuando las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial pusieron un manto de silencio sobre la misma. Millones murieron por esa censura en los medios de comunicación y de las secretarias de salud de los estados europeos



Más allá de las medidas tardías que se tomaron en algunos países, y que provocaron el colapso de sus sistemas de salud, el mundo está mejor preparado desde la “Gripe Española” para enfrentar el COVID-19, a causa de las medidas preventivas y por el sistema de salud, que posee más nuevos recursos medicinales para enfrentar los síntomas que hace 100 años atrás. Sin embargo, en pleno siglo XXI, a causa de la CUARENTENA, nuestras sociedades no están listas para detener la economía capitalista que se ha vuelto lamentablemente, en el aire viciado que respiramos: 

Millones, que vivían en la periferia del sistema capitalista, hoy están desamparados. Millones que sostienen la economía con sus empresas generadoras de empleos e impuestos, y que son la Clase Media consolidada, la CUARENTENA los AHOGA lentamente. Los Bancos, nunca dispuestos a perder, siempre dispuestos a exprimir ahí donde ya no hay recursos. Como decía un especialista militar en historia de la moneda: "el banquero es la única carrera universitaria que no se estudia". Trasfondo de un sistema satánico que nos "bancariza" para hacer más "llevadera" nuestra vida, y así estar  obligados a consumir alegremente el nuevo celular de marca que la propaganda nos anuncia como un repetitivo mantra, para reemplazar por otro, ya que su batería o memoria o lo que sea, sospechosamente "no da más", y todo  para ser "feliz", para no quedar fuera de la MODA, y que la "rueda" del capitalismo, no se detenga y así evitar salir de la ruta para estrellarnos. 



Hospitales improvisados durante la pandemia de la Gripe Española


Existió en el Siglo XX un Estado de Bienestar que fue la base de la consolidación de una CLASE MEDIA que no quedó desplazada y esclavizada por la Revolución Industrial. Este logró importante, con sus virtudes y defectos, entró en crisis a fines de la década del ´70 en el siglo pasado, y que termino con su crítica y desmantelamiento, en tener en estas primeras décadas del siglo XX, un estado con lentas y burocráticas respuestas, y ya mortalmente afectado por el virus de la corrupción y la falta de Ética de aquellos que nos gobiernan para SERVIR AL PUEBLO, para guiarnos a un mejor modo de vida MATERIAL y ESPIRITUAL.

Este Estado desdibujado y enfermo, es el que hoy enfrenta al COVID-19. Un Estado que teme más a los grupos económicos internacionales, a las corridas bancarias, que al virus que se ha propuesto combatir; puesto que creo un nuevo modelo económico, una nueva relación entre el Estado y la Economía, basado en la acumulación rentística y financiera, acompañado por una apertura irrestricta, comercial y de flujo de capitales especulativos. Todo ello, producido a espaldas de los pueblos.

Por último: este estado enfermo, también restringe la libertad religiosa, destruye la MEMORIA religiosa de los pueblos para instaurar una pestilente laicidad liberal, esto es: atea y materialista, aquello que tiene en común con su hijo "no reconocido", el comunismo.

La Iglesia que hoy está obligada a cerrar sus puertas, ve pasar frente a la acera de sus templos un mundo enfermo que, al toque de una lastimosa campana, marcha hacia su destino final.

Vladyka TEOFANO, Juan M. Garayalde.
Iglesia Ortodoxa Bielorrusa Eslava en el Extranjero
Almirante Brown - Comunidad San Pacomio





viernes, 1 de mayo de 2020

Mensaje de Pascua - SB JACOB 1°



Mensaje de Su Beatitud Jacob I, Archieparca de São Paulo para todo el Brasil, y Metropolita Primaz de la Santa Iglesia Ortodoxa Bielorrusa Eslava en el Extranjero, con motivo de la celebración de la Santa Pascua de la Resurrección del Señor, año 2020.




JACOB I, POR LA GRACIA DE DIOS, ARCHIEPARCA DE SAN PABLO PARA TODO EL BRASIL, Y PARA TODA LA IGLESIA Y SUS FIELES: GRACIA, MISERICORDIA Y PAZ DE CRISTO, EL SALVADOR DE LA RESURRECCIÓN EN GLORIA.

QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS, QUERIDOS HIJOS EN EL SEÑOR, ¡CRISTO HA RESUCITADO!

La Santa Pascua fue una vez más alegre y radiante, dando alegría, consuelo, regocijo y esperanza de vida a todos los fieles, a pesar de la fuerte atmósfera que prevalece en nuestro mundo, causada por esta pandemia que afecta al mundo entero. ¡Cristo resucitó de la tumba, el Dios-Hombre, ¡y la humanidad resucitó con Él! La tiranía de la muerte ahora pertenece al pasado. La desesperación en cautiverio en el mundo de los muertos es irrevocablemente destruida. El Vivificador Único y Poderoso, a través de su Encarnación, asumió voluntariamente la miseria de nuestra naturaleza y todo lo que trae, es decir, la muerte, y así "trajo la muerte al Hades por el rayo de Su Divinidad", otorgándonos vida. y «vida en abundancia». (Jn 10,10).

Esta abundancia de vida, que nos ha sido otorgada por el Señor Resucitado, es calumniada y atacada sin cesar por el demonio; de hecho, tales acciones son el origen de su nombre, aunque ahora está debilitado, completamente impotente y completamente ridiculizado. El diablo calumnia la vida a través de la arrogancia que aún prevalece en el mundo contra Dios, la humanidad y la creación. El diablo ataca la vida a través de la tendencia al pecado que existe en nosotros como "óxido viejo", usándola para enredarnos, ya sea en algún pecado tangible o en alguna fe ilusoria. La arrogancia es el producto de ese "óxido", y ambos forman la pareja siniestra responsable de perturbar las relaciones con nosotros mismos, con los demás, así como con Dios y toda la Creación. Del mismo modo, es imperativo que nos limpiemos de esta herrumbre con gran atención y cuidado, para que la luz vivificante de Cristo resucitado brille en nuestra mente, alma y cuerpo, dispersando la oscuridad de la arrogancia y derramando la abundancia de vida para todo el mundo.

Esto no se puede lograr a través de la filosofía, la ciencia, la tecnología, el arte o cualquier ideología; solo se puede lograr a través de la Fe en la Pasión, Crucifixión, Entierro, Descenso al mundo de los muertos y Resurrección a través de este Dios-Hombre Jesucristo. Esta fe, expresada en una vida inmersa en los Misterios de la Iglesia, así como a través de una lucha espiritual laboriosa y sistemática.

La Iglesia, siendo el Cuerpo de Cristo, experimenta sin cesar y a través del tiempo el milagro de la Resurrección. A través de los Misterios sagrados, su Teología y sus enseñanzas prácticas, nos ofrece la posibilidad de participar en este milagro, compartir la victoria sobre la muerte, convertirnos en niños moldeados por la luz de la Resurrección y verdaderamente "copartícipes de la naturaleza divina" (2 Pet 1, 4), así como en la vida de cada santo en el pasado y el presente. Las hierbas espinosas de las pasiones que crecen en las profundidades de nuestros corazones, contaminadas por el óxido del "viejo hombre" (Ef. 4:22) deben transformarse definitivamente lo antes posible en ramos de virtudes, santidad y corrección en Cristo, a través de Cristo y por amor de Cristo y sus imágenes vivas que nos rodean, es decir, otros seres humanos.

Así, el canto del himno sagrado nos dice: “Pongámonos la túnica de la justicia, que es más blanca que la nieve, y regocijémonos hoy en el día de Pascua; porque Cristo, el sol de justicia que se levanta de entre los muertos, arroja sobre nosotros la luz de la incorrupción». La túnica blanca de la justicia nos fue dada simbólicamente el día de nuestro bautismo; y estamos invitados a mantenerlo constantemente limpio a través del arrepentimiento continuo, el control sobre nuestros deseos, la paciencia frente a los dolores de la vida y el esfuerzo incansable de guardar los mandamientos de Dios, y especialmente el mandamiento supremo del amor. De esta manera, podremos participar en el auto-vaciado de la Cruz del Dios-Hombre y, igualmente, en la alegría de Pascua, en la luz radiante y la salvación feliz que entrará en nuestra vida. Le escribimos esta carta desde nuestra Catedral Metropolitana, donde experimentamos el sufrimiento del Viernes Santo y la luz de la Resurrección, y le expresamos el afecto de la Iglesia Madre, con todos nuestros corazones deseando a todos el regalo salvador y la bendición de Pascua. Señor de la vida, que resucitó de entre los muertos.

SANTA PASCUA 2020. Súplica ferviente para todos ante el Señor resucitado,

Su Beatitud Jacob I
Archieparca de São Paulo y de todo Brasil y Primado Metropolitano de la Santa Iglesia Ortodoxa Eslava Bielorrusa en el Extranjero.

domingo, 26 de abril de 2020

Pandemia - REFLEXIONES III




ATARAXIA HOGAREÑA

Igumen STEPHANOS
Iglesia Ortodoxa Bielorrusa Eslava en el Extranjero
Archieparquía de la República Argentina


En el Nombre del Padre y del Hijo y del Santo Espíritu. Amíñ.

“El Señor es mi luz y mi salvación ¿por quién temerá? El Señor es el defensor de mi vida, ¿a quién temeré? El Señor es el defensor de mi vida; ¿a quién le tengo miedo?” 
(Salmo 26, 1-2) 
“Bendito seas, Señor Dios nuestro, ahora y siempre y por los siglos de los siglos gloria a Tí,  Dios nuestro, gloria a Tí.” (Oración de la mañana).




Rvmo. Igumen STEPHANOS


Las noticias de la difusión del virus COVIR-19,  conocido como coronavirus, las autoridades de la República Argentina, del ministerio de Salud Pública,  establecen la cuarentena, quedando cerradas las puertas y prohibiéndose las reuniones, sumando las religiosas en las iglesias.

Estas medidas de protección, son consideras contrarias a la historia de la iglesia, sobre todo en los países ortodoxos, que llevan más de dos milenios reuniéndose en desiertos, bosques y montañas para alaban al Creador. Históricamente siempre las puertas  de la iglesia, estuvieron abiertas  aún en la proscripción,  la persecución, en las epidemias y catástrofes, donde la Santa Iglesia ofrece el aliciente del consuelo, en el seguir  la palabra, donde se auxilia, convoca y se anima a los fieles  a no abandonar la asistencia al templo, para rezar y recibir los  muy Santos y Divinos Dones,  el Misterio de la confesión y  la bendición del sacerdote. La tarea sublime de predicar el Reino de Dios, como kerigma de salvación, en la conciencia de saber del enemigo común, que enfrentamos como humanidad, la iglesia recomienda las plegarias especiales, con énfasis en temas como las enfermedades, catástrofes naturales, incluso las guerras; rezos que son ayuda en si, como las oraciones inspiradoras de los Salmos, recurriendo al símbolo viviente en la proskomida, en el momento de las letanías y de las lecturas durante la Divina Liturgia acompañados del santoral eclesiástico ortodoxo.

Sabemos que en estos días, el virus presente en diferentes países  causa estragos, y los fieles en su perseverancia,  se expresan no sólo en el culto del templo, sino también en las procesiones, por la ciudad, verdaderamente es digno de encomio y admiración en la fe al Altísimo.

Sin embargo en nuestro  país, en oración, en consejo, con  criterio y  prudencia, se es consciente que sería causa de tropiezo para el semejante, por eso se sigue las recomendaciones de Salud Pública, se anima a todos los fieles a mantenerse informados y continuar en el aislamiento seguro y protector y  continuar las instrucciones que amorosamente nos brinda la Iglesia.

Como servidores del altar, desde la moral buscamos contribuir a la paz y seguridad. Se busca la Fe, se la alimenta en la lectura piadosa, la Santa Biblia, las prácticas pías, como el rezo del kombosquini: “Señor Jesús, Hijo de Dios Ten piedad de mí pecador”, que nos lleva en la crisis que nos circunda, a la búsqueda del equilibrio emocional, de la paz interior, en la oración desde nuestro hogar, desde nuestro altar familiar, con  nuestras oraciones cuaresmales, con la que nos enseñó  San Efren el Sirio, por la paz del mundo entero y la misericordia. 

Desde nuestras casas particulares, desde el templo, funcionando con responsabilidad, nos unimos en la oración, todos participando de la obra salvífica del Reino que ha de venir y estar presente entre nosotros.

Como nos dijera en aquellas tardes en nuestra Capilla de Piedra, SB YURI, Emigidiuzs Ryzy, de Memoria Eterna: “compartimos un mismo cielo y una misma tierra”, para la ataraxia hogareña, en la oración y el ayuno, solicitamos la bendición de Dios por su Jaris y ágape a la humanidad, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amíñ.



Rvmo. Igumen Stephanos junto al cuadro de SB YURI, Emigidiuzs Ryzy (1933-2015)



05 de abril de 2020, en el Domingo de María egipciaca.
Capilla de Piedra de San Jorge – San Vicente, Provincia de Buenos Aires - Argentina

domingo, 19 de abril de 2020

Santo Domingo de la Resurrección del Señor




SANTO DOMINGO DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
19 de abril de 2020 / 06 de abril de 2020 - Calendario Eclesiástico.






CRISTO A RESUCITADO!
EN VERDAD HA RESUCITADO!




I – SÍMBOLO VIVIENTE

Hoy, el Cristianismo Católico Ortodoxo celebra la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Los cielos se abrieron para que EL retorne a su trono de eternidad, a la espera de sus hijos.

Nada ha vuelto a ser como antes. A lo largo del tiempo hemos intentado los cristianos fundar en la tierra un paraíso terrenal, fracasando en cada intento, puesto que el pecado es parte de nuestra vida, y muchas veces, profundizamos en uno de ellos, para creer que construiremos algo Santo.

Sin embargo, la Iglesia PERMANECE, y entendamos, que como verdaderos CRISTIANOS, somos parte de ella, la cual tiene algo de pecadora –los hombres- y algo mayor, invisible y vivo, que es SANTO, que es MISTERIO, y que lo es TODO: la Santísima TRINIDAD. Y, acompañándola, aquel gran ejército de santos y mártires que durante milenios dieron LUZ a la Iglesia.

La Iglesia nada tiene de abstracto, de inalcanzable, puesto que ella es un SÍMBOLO VIVIENTE, de Verdades Eternas. De nuestro lado, hemos de convertir nuestra alma pecadora, en un ser provisto de entendimiento para poder transitar el camino de la Santa Escala.


II – SIN EXCUSAS

Entendiendo esto, nadie tiene la mínima excusa para no dar algo mejor al mundo, para convertir el pecado en amor. Si como cristianos, no intentamos aportar algo en este mundo caído, nuestra existencia no tendrá justificación alguna. El resultado sería un largo camino en las tinieblas del olvido.

Cristo se hizo presente entre pecadores, y mostró que todas nuestras fallas pueden borrarse en un acto sublime y eterno que fue la Crucifixión. Estuvo presente entre nosotros, pero no solamente para ver nuestras lágrimas caer en medio de la impotencia de verlo en el Gólgota, sino, de verlo vencer la MUERTE.


III – YO SOY EL CAMINO

Decía San Agustín explicando el mensaje evangélico: “Por donde quieres ir? Yo soy el CAMINO. ¿A dónde quieres ir? Yo soy la VERDAD. ¿Dónde quieres ir detenerte? Yo soy la VIDA”. Vayamos entonces, tranquilamente por ese camino..” (Sermón 142, 1-3)

Por medio de la CONVERSIÓN, a través de una profunda decisión de combatir el pecado, buscamos alcanzar una VIDA, que no hemos logrado siquiera vislumbrar, a causa de nuestra vida mundana.

No se permitan llegar al último aliento de vida en este mundo, sin haber intentado transitar el CAMINO a la verdadera VIDA, y en ese andar, dejar grabado con nuestros pies, que hemos vencido el pecado, y conocido, experimentado, VIVIDO en nuestro corazón, la Santidad.

Xristos Anesti!
Vladyka TEOFANO, Juan M. Garayalde
Iglesia Ortodoxa Bielorrusa Eslava en el Extranjero
Archieparquía de la República Argentina


domingo, 5 de abril de 2020

Pandemia - REFLEXIONES II


En tiempos de Pandemia

¿ESTÁ CERRADO EL HOSPITAL?




¿Cómo encontramos curación cuando pensamos que el hospital del alma está cerrado?

La ortodoxia ofrece una forma muy precisa de entrar en comunión con Dios. Es un camino que debe aprenderse, porque simplemente "convertirse en ortodoxo" no llevará al buscador a una vida interior que se transformará e iluminará. La membresía en la Iglesia simplemente no es suficiente, ya que la Iglesia no se trata de hermosos servicios, íconos o teología mística. Como hospital para el alma, la Iglesia es el lugar donde podemos recibir sanidad para lo que nos aqueja. Es el lugar donde somos sanados y rehabilitados íntegramente.

Al igual que las urgencias de un hospital local, un paciente no puede simplemente entrar y esperar ser curado. Tenemos que someternos a un examen por parte del personal de emergencias (nuestro confesor), que nos pedirá que describamos lo que está sucediendo, dónde estamos sufriendo, que nos sometamos a pruebas y, finalmente, que recetemos la medicación necesaria que nos traerá una cura.

Dentro del hospital del alma, es decir, de la Iglesia, sus sacerdotes actúan en la misma capacidad que el personal de emergencia. Entrevistan al paciente (feligrés), examinan el corazón en busca de enfermedades y recomiendan terapia. El sacerdote se convierte en la guía terapéutica, recomendando lo que el paciente (buscador) puede hacer para recuperarse.

Una regla de oración, la lectura diaria de las Sagradas Escrituras, la confesión frecuente y la recepción de los Santos Misterios, todo esto es parte de la medicina de la Iglesia que traerá curación. Así como el médico le receta la dosis adecuada, después de conocer a su paciente, el sacerdote también le receta lo que ayudará a su hijo o hija espiritual.

La vida espiritual es algo que necesita ser aprendido, quizás más ahora, que en cualquier otro momento de la historia de nuestro mundo. A medida que aumenta la maldad, también lo hacen los obstáculos al progreso espiritual. La degradación de toda nuestra sociedad y las profundidades de la depravación que se han convertido en una parte normal de nuestra era, han hecho de este un momento peligroso. Su pasaje de esta manera puede dejar a una persona vulnerable a la ilusión espiritual. Todos necesitamos un guía experimentado y confiable que pueda ayudarnos a evitar las trampas del orgullo y la voluntad propia que nos llevarían a la ruina.

Que la mayoría de nosotros ahora no podemos asistir a liturgias en nuestras iglesias, debido a la pandemia de Covid-19, es aún más importante que alimentemos nuestras almas con la medicina que, por su propia naturaleza, está destinada a lograr una cura. Mantener una regla de oración, leer las Sagradas Escrituras, estudiar a los Padres de la Iglesia y leer la vida de los santos, son comparables a tomar la medicina recetada por el médico. Solo porque las puertas del hospital (la Iglesia) están cerradas para nosotros, de ninguna manera debería ser una excusa para dejar de lado los beneficios que vienen después de que nos convertimos en miembros del hospital del alma.

En amor en Cristo

Abad TRYPHON.
"All Mercifull Saviour Monastery" - Vashon Island (USA)
Iglesia Ortodoxa Rusa en el Exterior (ROCOR)

2/4/2020

Pandemia - REFLEXIONES 1



En tiempos de Pandemia
UNA OPORTUNIDAD PARA REFLEXIONAR






Toda nuestra historia nos trae a este momento, de temores, de mentiras, de curas milagrosas que no son... Y el temor no es sólo a la muerte sino a perder esas pequeñas burbujas de felicidad y seguridad que la vida moderna nos ofrece.




A mi no me gusta pensar en que cosa es o no un castigo divino, porque no puedo conocer la Mente de Dios, pero quizás esta sea una oportunidad de revalorarnos, y de tomar nuestras vidas en serio.




La Iglesia no va a interpelarnos, ni nadie puede hacer por nosotros lo que nos corresponde. Tenemos plena libertad de vivir mal, de ser miserables, de correr toda la vida tras deseos que surgen de fantasías superficiales, de sembrar infelicidad y de cosecharla con indignación, transformando todo en un infierno en el que no vemos nuestra responsabilidad.




Tenemos el poder de mentirnos y sentirnos superiores, de señalar las faltas de los que intentan superarse y esperar que vuelvan a caer los que hemos visto tropezar. Podemos colaborar asi y de muchas otras formas con el demonio. En verdad podemos, y es una colaboración directa, es hacer su trabajo por él... pero así también podemos elegir.




Apuntemos alto, porque somos hijos del Creador, seamos sinceros con nosotros mismos y si en verdad queremos vivir en el Camino, interroguemos a nuestro espíritu, a nuestros sacerdotes y obispos, hagamos de nuestra vida un proceso de revelación personal, porque en ello está la búsqueda de Dios.




No dejemos que nos detenga la duda, la circunstancia, ni el juicio de los demás, seamos incomprendidos. No existimos para que otros nos usen de justificación para su propia falta de iniciativa espiritual. Está más perdido que nosotros quien se cree el reflejo de sí mismo que encuentra en este mundo, y no ayuda a nadie quien busca imponerlo a los demás.




Escuchemos la melodía que el Señor tiene para nosotros y aprendamos con humildad (porque sin ella solo hay mentira), pero con la perseverancia del que no posee otra virtud, con cordialidad sincera pero con una voluntad implacable.




Archimandrita GREGORY
Comunidad Ortodoxa San Tikhon - Buenos Aires - Argentina
Iglesia Ortodoxa Bielorrusa Eslava en el Extranjero
Abril de 2020


sábado, 28 de marzo de 2020

Siglo XXI - El Estado, la Iglesia y la Peste



SIGLO XXI: EL ESTADO, LA IGLESIA Y LA PESTE



Grabado que reproduce una escena de la Peste Negra en Rusia, en el poblado de Nikolsky, provincia de Astrakhan


I – AUSENCIA

“El cristianismo, tal cual es, y tal como no ha dejado de ser, se funda en los más profundos fraudes”
Voltarie (1694-1778)
Enciclopedista de la Ilustración


Es posible vislumbrar a través del “signo de los tiempos” que la humanidad está atravesando el período preparatorio e inmediatamente anterior a la “Noche de la Historia”, el fin del ciclo del hombre caído, con el consecuente retorno de Nuestro Señor Jesucristo.

Desde hace unos meses, el mundo entero enfrenta una epidemia de un sospechoso virus, denominado COVID-19 –coronavirus-. Para algunos, nacido de animales salvajes consumidos de forma inapropiada por ciudadanos de la Rep. Popular China, para otros, dicho virus habría nacido en medio de tubos de ensayo, cuyo destino era convertir al mundo en su laboratorio de pruebas. Sea cual sea su origen, hay un acontecimiento que nos interesa de sobremanera, derivado del mismo, que ensombrece lo SAGRADO, y a quienes son sus cultivadores y traductores: la casta religiosa.

No hace mucho tiempo, apenas una gota de agua en la marea del tiempo, las naciones se han vuelto laicas. La religión ha pasado a ser un elemento más dentro de un estado nación, un grupo de presión, tal como lo puede constituir un sindicato, una asociación de profesionales, un club deportivo. Sabemos que la comparación es absurda, mas esa es la absurda realidad.

Con motivo de la expansión de la epidemia del coronavirus, los gobiernos han sugerido que se evite todo tipo de concentración humana para evitar que dicho virus se contagie de persona a persona. A través de una cuarentena, se intentaría aislando las personas que porten dicho virus, que el mismo deje de esparcirse en el resto de la población.  En diversos países de occidente, iglesias, romanas, ortodoxas, evangélicas y demás, han cerrado sus puertas obedeciendo el mandato del Estado Nación y cooperar con las medidas a favor del sostenimiento de la cuarentena.  En el ínterin, enfermos con coronavirus ingresan a los hospitales. Al día de hoy, miles de ellos vieron por última vez a sus familiares en la sala de algún hospital, pasando a un lugar cuidadosamente aislado, donde luchará en desventaja contra el virus, expirando finalmente en extrema soledad.

Sus familiares, no podrán volver a verlo, porque el virus sigue vivo en el cuerpo inerte, y por lo tanto, en varios países, el cuerpo es incinerado para evitar problemas de contagio.  Estos familiares, recibirán días después una urna con sus cenizas o un cajón cerrado, que sin mucho tramite, deberá ser enterrado con celeridad, como si algo maligno estuviera presente dentro del féretro.

En todo este trágico proceso que viven las familias en estos momentos, la IGLESIA, por primera vez, no está presente junto a ellos. Hemos cerrado, al igual que un cine, un negocio de venta de ropa o una cancha de fútbol.

La Iglesia ha acatado la normativa del Estado Nación, ese mismo Estado, que en Occidente, desde la Revolución Francesa, ha convencido a los pueblos que la Iglesia es un problema, un obstáculo, ante el avance del PROGRESO HUMANO.

Hoy –marzo de 2020- está aconteciendo esto en nuestro Occidente, y hemos de reconocer que nos ha tomado a todos por sorpresa. Negativo sería buscar quién fue el primero en cerrar las puertas de los templos, y con ello marcar el rumbo de lo “políticamente correcto”.  ¿Cómo seguimos de aquí en más? ¿Cuál es el futuro de aquella iglesia que lucho no hace mucho tiempo contra la peste negra, que diezmó el viejo continente europeo?, ¿cuál es el futuro de aquella Iglesia que asistió a lo largo de los siglos a los leprosos y otros enfermos o deformes que la sociedad expulsaba como parias?


II – ESTADO TOTALITARIO LIBERAL

“El temor al Estado y el honor que le debemos rendir, debe motivarse en el temor y honor que ofrecemos a Dios” (Orígenes, “Comentarios a la Carta de los Romanos”)


Lo que la pandemia del coronavirus ha dejado al desnudo, es la ausencia de una sociedad fuerte, afectada a su vez con el virus del individualismo en su fase más hedonista y narcisista.

Ante la falta de responsabilidad por parte de los ciudadanos de aislarse voluntariamente ante una posibilidad de contagio, el Estado reasumió el “monopolio de la violencia física legítima” (Max Weber), decretando la cuarentena, y en otros casos, hasta el “toque de queda” en determinadas horas de la tarde/noche. En acompañamiento, los medios de comunicación exponen durante todo el día la tragedia humana que la pandemia provoca en todo el mundo.

Lo que uno evidencia, es qué entre el Estado Nación, y sus diversos sistemas (Salud y Seguridad tomando protagonismo), y el Individuo, no existen estructuras intermedias que colaboren en la lucha contra la epidemia. Dentro de este vacío, también se encuentra anulada la religión.

El Estado y la Sociedad han fallado en crear un Estado Comunitario, una Sociedad Comunitaria, lazos que rompen el egoísmo individualista, o sea, aquellas fuerzas disociadoras que no actúan en beneficio de la Nación y, aún más lejano, de principios supra-terrenales. Sólo cuando hay una crisis en ciernes, se apela a las “redes de contención social”, que como su nombre lo indican, es un entramado anárquico que solo sirve para sostener una población con crisis en la provisión de servicios públicos, con trabajo precario, con altos índices de pobreza, desnutrición infantil, alto porcentaje de enfermos por adicciones, delincuencia y violencia familiar.

Para agregar más: desde las dos ultimas décadas del Siglo XX, se anunciaba la revolución del “tercer sector”: Organizaciones No Gubernamentales que provocarían grandes cambios en la sociedad. Era ese modelo, lo que supliría esa distancia abismal entre el Estado y el Individuo. Hoy, en plena pandemia, ese “tercer sector” clama ser parte de la lucha contra la epidemia.

Pero volcamos ahora, a lo que la Iglesia nos ha enseñado desde sus inicios acerca de la autoridad civil como instrumento de Dios:

“Todos deben someterse a las autoridades constituidas, porque no hay autoridad que no provenga de Dios y las que existen han sido establecidas por él.  En consecuencia, el que resiste a la autoridad se opone al orden establecido por Dios, atrayendo sobre sí la condenación. Los que hacen el bien no tienen nada que temer de los gobernantes, pero sí los que obran mal. Si no quieres sentir temor de la autoridad, obra bien y recibirás su elogio” (Carta a los Romanos 13:1-3, de San Pablo).

La Iglesia le corresponde justamente colaborar estrechamente en crear esa red comunitaria que, junto al Estado, anule en cáncer del individualismo liberal, y del colectivismo masificador alienante, consecuencias directas de la SECULARIZACIÓN del poder político y social; significando esto último: la no intervención de la Religión en acto alguno de la vida pública.


III – FRENTE A TRES CAMINOS

“Vengo a destruir a los que destruyen la Tierra” (Ap 11,18)


Frente a una pandemia que pone a prueba la MODERNIDAD como sistema político, social, económico y cultural; cabrá preguntarnos cuál debería ser el rol de la Iglesia, del Cristianismo en todo este proceso.

Existen tres caminos posibles, ante esta “Noche de la Historia” que estamos presenciando.


1. Acompañar el proceso de secularización. 

La Iglesia se adapta, aceptando las reglas de juego que impone el Estado Nación, aquel heredero cultural de la Revolución Francesa y la Revolución Bolchevique, alimentados por filosofías anticristianas y anticlericales.

Esto se traduce, por ejemplo, en lo que la iglesia hoy padece, con templos cerrados frente a la pandemia, tal como han decretado los diferentes estados Nación en todos los continentes. 

Con ello, no decimos que las Iglesias deban funcionar “normalmente”, pero si accionar con responsabilidad y precaución para acompañar espiritualmente a las familias que han perdido a seres queridos, u otras que han caído en la desesperanza y cercanos a una psicosis colectiva, bajo algunos pronósticos oscuros que los medios de comunicación y otros “influencers” producen. 

La epidemia, es uno de los acontecimientos que más víctimas a ocasionado en la humanidad, más que las guerras mismas. Sin tener fronteras que la detengan, las pestes no discriminaron reyes, monjes, soldados, comerciantes o labradores. Sin importar la gravedad de las mismas, la Iglesia estuvo presente caminando las calles, visitando enfermos, habilitando hospitales, acompañando los tristes cortejos fúnebres que, en momentos trágicos de mortandad, eran carros con victimas apiladas para ser llevadas a una fosa común.

Estando en el siglo XXI, la iglesia no debería añorar tiempos remotos donde las personas no podrían jamás alcanzar los estándares de vida actual. Hoy, con naturalidad las personas pueden alcanzar los 70, 80 años de edad, sobreviviendo gripes, infecciones, operaciones, y teniendo toda una industria farmacológica dedicada a extender la vida humana y alejar la tan temida muerte de nuestras vidas.

La MODERNIDAD con gran esfuerzo y éxito, ha buscado borrar la muerte de la existencia humana, ignorándola, expulsándola de la realidad cotidiana. Como contrapartida, la Iglesia   tiene como propósito enseñarnos que esta vida es una prueba, y que la muerte es el transito a otra vida, para la cual debemos estar preparados.


2. Confrontar. Ir contra el “Signo de los tiempos”.

Entendemos por “signo” a aquellos significados que emanan de las fuentes naturales (por ejemplo: la contaminación global que afecta la naturaleza, la depredación de los mares, etc.) y humanas (las generadas a partir del hombre, cómo, por ejemplo, su forma actual de relacionarse con Dios, y con su prójimo). Por donde se analice, la MODERNIDAD nos ha legado un sistema global que ha dado la espalda al Creador. Los signos de rebelión contra lo SAGRADO abundan en cada rincón del mundo.

La iglesia, la profunda, es la que puede ver más allá del signo, e interpreta con su profundidad teológica los SÍMBOLOS que vemos a nuestro alrededor. El Símbolo precisa de un emisor y de un receptor, y para la Iglesia, el SIMBOLO cristiano transmite ideas del orden metafísico, supra-sensible, un mensaje que parte del PRINCIPIO, de Dios, Uno y Trino, y que choca, hoy, con la realidad contrastante del siglo XXI.

Hoy, de manera elegante, el sistema político “pide”, decreta, que la Iglesia se abstenga de celebrar sus misterios, de asistir a sus fieles, de cumplir su misión en el mundo. Como hemos visto, esta iglesia del siglo XXI, obediente, acata; pero hay otra, que tomando conciencia del “signo de los tiempos” decide ir contra el mismo, protegiendo a la ECCLESIA, a la comunidad de fieles y clérigos, de las tinieblas que hoy, en forma de peste, se escurre entre las ciudades.

La Iglesia no puede cerrar sus puertas. La iglesia no puede obedecer sin reasumir su papel junto al poder político su función en el mundo. ¿Acaso diremos a los médicos que se marchen en sus casas por la cuarentena? NO. Porque es su misión estar asistiendo a los enfermos. ¿Acaso diremos a las fuerzas de seguridad que se vayan a sus casas para cumplir la cuarentena? NO. Porque son la garantía de la paz social en tiempos de crisis. ¿Acaso diremos al tambero que no lleve mas leche a las ciudades que la precisan en tiempos de cuarentena? NO, Porque la vida de los ciudadanos depende de que el siga proveyendo la ciudad de alimentos.  Entonces: ¿Por qué la iglesia acata la cuarentena?, cuando gran parte de su misión es estar en el alumbramiento de cada niño hacia Cristo, y en el anochecer de cada uno, cuando parte a la casa del Padre de los Cielos.

Estar contra el “Signo de los Tiempos” es rechazar el gobierno del Anti-cristo, y es cumplir lo que Cristo nos encomendó en el Pentecostés.

Es también la Iglesia, que en medio de la pandemia que se vive, ha de luchar para crear no un simple “tejido social” que una al individuo con el Estado, sino un escalonamiento natural y espiritual entre el ciudadano y su Estado, que ayude a estructurar un orden comunitario para una sociedad orgánica sin clases económicas, reemplazada esta última por una comunidad jerarquizada de productores. También impulsar el desarrollo de una  ciencia al servicio del crecimiento espiritual del hombre, y no para ser esclavo de la misma.

Frente a una pandemia, si solo somos capaces de vislumbrar un sistema de salud sobrepasado, fuerzas de seguridad en las calles y un ciudadano obligado a la cuarentena, perdemos de vista un pueblo, una nación y una iglesia, luchando unidos contra un enemigo invisible. Una guerra donde la Cruz no puede estar ausente.
         

3. Un más allá en la “Noche de los tiempos”

Habrá una Iglesia que se adaptará a las reglas del juego en tiempos del reinado del Anticristo. Habrá otra iglesia que, con virtudes y defectos, CONFRONTARÁ contra dicho reinado, de la única forma que lo puede hacer: salvando almas de las fauces de la condenación eterna, pero lejos estará de lograr éxito en interponerse en el camino al precipicio que la humanidad ha elegido.

Debemos evitar ser fabricantes de ilusiones, con melosas declaraciones de “paz mundial”, de encuentros de “paz” inter-religiosos, que desde la Iglesia se emiten adhiriendo a la ideología del progreso indefinido, de la “paz perpetua” iluminista, celebrando, de este modo, como una parte de la humanidad se sumerge bajo una tecnología de felicidad química y virtual, esclavizando  mentes y almas, en tanto otra parte importante, mayoritaria, queda fuera del “sistema” viviendo prácticamente de los residuos que brinda la primera.

La Iglesia de Cristo, no es parte de este proceso, puesto que “mi reino no es de este mundo” (Jn 18:36) . Tampoco es parte del proceso “humano” que confronta al “Signo de los Tiempos” a la decadencia espiritual que vivimos, más allá que aquellos que la combaten, lleven en alto la Cruz, y se tenga las mejores intensiones.

La Iglesia de Cristo es eterna y atemporal. Es Mistérica, profundamente litúrgica y todo símbolo que emana de ella es SAGRADO para la humanidad que quiera escuchar el mensaje del Salvador del Mundo.

La Santa Iglesia Ortodoxa proclama: MUERTE AL MUNDO, este mundo desvergonzadamente triunfante, el que ha degradado y destruido toda la hermosa obra de la Creación y de la misión del hombre de redimirse en ella.

La destrucción de este mundo, anunciada en el Apocalipsis, implica al mismo tiempo, un nuevo comienzo, el nacimiento de un mundo nuevo, “a los pies de Jesús”, tal como anhelaba Dostoievski para su amada Rusia.



Antiguo grabado donde un sacerdote imparte los últimos sacramentos a un enfermo por la peste negra



  IV – CONCLUSIÓN

Hemos de rechazar aquella iglesia que cómodamente acompaña la crisis del Mundo Moderno.

Hemos de acompañar a todos aquellos cristianos que se denominen y se comporten como tal, humildes y celosos de su FE, construyendo oasis, ciudades de Cristo, en medio de tormentas desérticas.  El Estado, necesita reencontrarse con lo SAGRADO, pues a ellos Dios les delegó la potestad de gobernar sobre los pueblos del mundo. La Iglesia deberá seguir marcando el camino correcto al “príncipe” de ese mundo, y jamás renunciar a ello por más detractores y persecuciones que surjan.

Y por último, hemos de estar junto a la Iglesia que observa el mundo desde la eternidad, y tener FE, preparándonos junto al nazareo San Juan Bautista, al borde del Jordán, a la espera de la Segunda Venida, purificándonos, quitándonos todas las iniquidades, esperando que algún día los cielos vuelvan a abrirse, y nuestras lágrimas de desasosiego, se conviertan en lágrimas de felicidad.

Xristos Anesti!

S.E. Vladyka TEOFANO, Juan M. Garayalde
Iglesia Ortodoxa Bielorrusa Eslava en el Extranjero
Archieparquía de la República Argentina