domingo, 21 de julio de 2024

San PROCOPIO loco de Cristo

 

SAN PROCOPIO, LOCO DE CRISTO

21 de julio de 2024 / 08 de julio de 2024 – Calendario Eclesiástico

 



I – PRIMER LOCO DE CRISTO DEL MUNDO ESLAVO

 

Se considera que el primer verdadero santo loco en Rusia, San Procopio de Ustyug.

 

Es de suponer que Procopio vivió en el siglo XIII y el año de su muerte en 1302. Sin embargo, la primera vida de Procopio se escribió recién en el siglo XVI y contiene muchas inconsistencias. Por lo tanto, no es posible conocer en detalle los años de vida del bendito hacedor de milagros.

 

Se dice que provenía de una familia noble de comerciantes patricios de Lübeck (actual Alemania). Tras la muerte de su padre, en conflictos militares, Procopio se vio obligado a abandonar Prusia. Cargó sus riquezas en barcos y partió hacia Veliky Novgorod.

 

II – CONVERSION

 

San Procopio fue un comerciante extranjero, un alemán católico, que tenía su comercio en Novgorod. Maravillado por la belleza de los oficios ortodoxos, abrazó la ortodoxia, repartió sus riquezas entre los indigentes. Fue bautizado en la Ortodoxia en el Monasterio  de Khutyn e ingresó como monje en dicho convento (fundado en 1192) y famoso por el rigor de sus reglas y la santidad de la vida de sus monjes.

 

 

III – CAMINO AL DESIERTO

 

Aquellos novgorodianos que lo conocían, al enterarse de que Procopio aceptó la santa fe y entregó todas sus propiedades, comenzaron a alabarlo y ensalzarlo. A Procopio le resultaba difícil oír semejantes comentarios sobre sí mismo. La gloria humana, que privaba de la paz a su humilde corazón, se convirtió para él en una carga insoportable.

 

Temiendo perder su gloria celestial a causa de ella, le reveló su dolor espiritual a  su  staretz Varlaam Prokshinich, y comenzó a pedirle consejo y bendiciones para retirarse a algún lugar donde nadie lo conocería.

 

Al principio, el anciano lo contuvo, aconsejándole que mejor no abandonara el monasterio e incluso se recluyera, pero el deseo de Procopio era inflexible, como si algo lo estuviera arrastrando fuera del monasterio. Y no importa cuánto lo intentaron, no pudo detenerlo y, después de darle instrucciones, el mayor, con oración y bendición, envió a su alumno en su camino.

 

Muchos sufrimientos tuvo que aguantar durante el cumplimiento de su difícil sacrificio. Durante el verano y el invierno, caminaba, descalzo y mal vestido, pernoctando en los atrios o, simplemente, sobre el suelo. Recibía limosnas de gente piadosa, pero, aunque estaba hambriento, nada aceptaba de los que mediante engaños habían adquirido sus riquezas, quedando así, sin comer nada durante varios días.

 

Sufrió muchas burlas e insultos, maldiciones y palizas por parte de personas groseras en el camino, tuvo que soportar mucho en sus viejos harapos tanto del calor del verano como de las ventiscas invernales y las heladas amargas. Pero no se desanimó, sabiendo que cada día de su sufrimiento voluntario, cada paso en este camino estrecho y verdadero, hacia  la cruz lo acercaba a la paz eterna y a la Patria Celestial.

 

IV – BAJO EL PORTICO

 

Después de vagar durante mucho tiempo por la ciudad, perseguido e insultado por todas partes, el justo Procopio finalmente eligió como residencia permanente un rincón del pórtico de la enorme  iglesia catedral de la Dormición de la Madre de Dios, cortada en madera. Aquí comenzó a pasar verano e invierno, sin faltar a un solo servicio religioso, pasaba las noches en oración y durante el día deambulaba por las calles de la ciudad.

 

V - EL MILAGRO DE LA BRISA CELESTIAL

 

Una vez, durante una terrible helada, aquella durante la cual los pájaros en vuelo se congelan, el beato buscaba un refugio. En las casas no lo recibían. Hasta los perros, al lado de los cuales quería entrar en calor, huían de él. Procopio se estaba congelando. Repentinamente comenzó a soplar una templada brisa celestial y un ángel rozó su rostro. Gracias a todo esto, el beato entró en calor y volvieron sus fuerzas. Este milagro fue relatado por el beato a Simón, un clerigo de la catedral; además le pidió no difundirlo antes de su muerte.

 

 

VI – CLARIVIDENCIA

 

Por sus sacrificios, el beato fue distinguido con el don de clarividencia. Un día se inclinó ente una niña de 3 años y les dijo: "He aquí a la madre de un gran santo." La niña fue la madre del Jerarca Esteban de Perm.

 

En el año 1290,  durante una semana deambuló por la ciudad instando a los habitantes a arrepentirse y rezar, para que el Señor salve a la ciudad del destino de Sodoma y Gomorra (Génesis, capítulo 19). Nadie le creía.

 

El realizaba la siguiente advertencia: “La ira de Dios se acerca, arrepentíos, hermanos, de vuestros pecados, apaciguad a Dios con ayuno y oración, de lo contrario la ciudad perecerá bajo una lluvia de fuego”.

 

“Está loco y nunca dice nada sensato. ¿Por qué escucharlo? - dijeron los habitantes de Ustyug y no prestaron atención a las palabras del justo.

 

Repentinamente apareció en el cielo una nube siniestra. La nube crecía y crecía, de tal manera que el día se convirtió en noche. Centelleaban los relámpagos, bramaba el trueno con tanta fuerza que estremecía los muros de los edificios. El ruido de la tormenta tapaba el clamor de los habitantes. Todos tuvieron un presentimiento de destrucción y de muerte. Los habitantes corrieron a la catedral. Allí, ante el icono de la Anunciación, rezaba el beato. Y el milagro ocurrió. Una fragancia llenó el templo. El mirra que fluía del icono milagroso era tan abundante que se pudieron llenar todos los recipientes que se encontraban en la iglesia. La gente se juntaba y se curaba de sus males. Después el sofocante aire refrescó y se asomó el sol.

 

A 20 km. de Ustyug, en el prado de Kotovalsk las nubes desencadenaron granizo y relámpagos. El granizo quebró el bosque de muchos años, pero no produjo daño ni a la gente, ni a los animales. En recordación de la salvación de la ciudad de su destrucción, fue establecida la festividad del icono de la Virgen de Ustyug.

 

VII – UN LUGAR ESPECIAL

 

El santo loco de Cristo, tenía un lugar especial: cerca de la Catedral corría el río Sukhona, a donde el santo se acercaba y se sentaba en una parte elevada al borde del río, y desde ahí, miraba a lo lejos orando al Señor para que protegiera a las personas que cruzaban el ancho e inquieto río.

 

Todos en la ciudad sabían que mientras Procopio estaba sentado sobre esa alta orilla, podías entrar al agua con seguridad y nadar hacia el otro lado. En este lugar, que amaba, el santo necio pidió ser enterrado cuando le llegara el momento de presentarse ante el Señor.



 Icono de Procopio de Ustyug, en oración al Salvador


VIII - NACIDO A LOS CIELOS

 

Un verano, mientras oraba por la noche como era su costumbre, Procopio sintió un toque familiar en su mejilla. Levantó los ojos y un ángel blanco se paró frente a él y le dijo:

 

- Prepárate, Procopio, tu aventura terrenal llega a su fin, el 8 de julio el Señor te llevará consigo.

 

Dijo ello y desapareció. Al día siguiente, Procopio les contó a todos sobre el milagroso fenómeno y comenzó a esperar ansiosamente el día señalado.

 

La noche del 8 de julio fue cálida, Procopio salió de las murallas de la ciudad, dirigiéndose a las puertas del Monasterio del Arcángel de Ustyug. Se arrodilló y oró por última vez, se acostó de costado, se acurrucó y murió tranquilamente. Era el año del Señor del 1302. Los monjes del Monasterio lo encontraron cubierto de una sábana de nieve.

 

La glorificación eclesiástica del Beato Procopio tuvo lugar en el Concilio de Moscú de 1547; su memoria fue erigida el 8 de julio.

 

Gracias a la intercesión del bendito, muchos de los que acudieron a su ayuda en oración recibieron curación de diversas enfermedades.

 

IX – SU ORACIÓN FINAL

 

Dicen los relatos de su vida, que está fue su oración final, antes de ir al regazo del Padre de los Cielos:

 

“¡Señor Soberano Jesucristo, Hijo de Dios, Todopoderoso, Creador de toda creación visible e invisible! Ahora yo, siervo tuyo pecador e indigno, entrego mi alma en tus manos. Tú, Señor, sembraste en mi corazón el mayor amor por la fe verdadera y me sacaste de la tierra latina inmunda y de la fe, fuera de mi patria. Tú, Señor, me elegiste entre tus siervos, no me dejaste perecer con los lícitos en las tinieblas de mi patria: me alejaste del mundo de las riquezas vanas y codiciosas. Tú, Señor, desde pequeño me diste paciencia en los negocios y en las dificultades; Tú, Señor, me concediste permanecer desnudo en la necedad y en numerosos vagabundeos, para ser oprobio de la gente. Tú, Señor, me diste Tu mayor manifestación sobre la ciudad de Ustyug. Tú, Señor, me has recompensado con el don de soportar las severas heladas invernales. Tú, Señor, me diste vida, me sacaste de la decadencia y hiciste mi cuerpo invulnerable a las heladas. Tú, Señor, no te apartes de mí hasta que mi alma abandone el cuerpo. Cumple, oh Señor, mi petición; hasta el final deseo permanecer en la mayor bondad y atravesar serenamente los comienzos y los poderes de las fuerzas oscuras”.

 

X – TROPARIOS DE SAN PROCOPIO


Troparion, tono 4

 

Iluminado por la gracia divina, sabio de Dios, / y toda la mente y el corazón de este mundo de este mundo al Creador, inquebrantablemente consagrado / con castidad y mucha paciencia, / en la vida temporal el flujo del bien pasaste / y guardaste la fe inmaculada. / Asimismo, después de la muerte, apareció el señorío de tu vida:/ fluyes con una fuente inagotable de milagros/ fluyendo con fe hasta tu santo sepulcro,/ oh bendito Procopio,/ ruega a Cristo Dios,/ que él salve nuestras almas.

 

Troparion, tono 4

 

En tu paciencia de Dios recibiste la recompensa de los dones de profecía, oh bendito, a través de oraciones, vigilias y ayunos, agotando tu cuerpo y elevando tu alma al Celestial, el Rey de todos, Cristo Dios, es poderoso. Tuviste el honor de verlo / y fuiste atado con una corona inmarcesible / Desde su rostro, de pie ante los santos, / ofreciendo tu oración por el pueblo, / fuente de cálidas lágrimas derramadas, / liberaste la ciudad de Veliky Ustyug y su gente del terrible cobarde, y del fuego, y de la vana muerte./ Esos también nosotros, postrándonos a tu honesta raza, clamamos a ti:/ Oh Procopio, hacedor de milagros,/ sé nuestro intercesor ante el Señor/ en los días de dolores encontrados, tu siervo,/ y rogamos que salve nuestras almas.

 

Compilación: Patriarcal Ateneo San Marcos

 

martes, 25 de junio de 2024

El Monje Pedro de Athos

 

EL MONJE PEDRO DE ATHOS

25 de junio de 2024 / 12 de junio de 2024 – Calendario Eclesiástico

 

I – PRIMEROS AÑOS

 

El monje Pedro de Athos, griego de nacimiento, sirvió como soldado en los ejércitos imperiales del Imperio Romano de Oriente y vivió en ese tiempo en la capital, Constantinopla. 

 

Corría el año 667, y lo encontramos a Pedro junto a las legiones romanas combatiendo en la región de Siria  contra el Califato Omeya, el quinto imperio más grande que habría en la historia, con la ciudad capital de Damasco surgido en el año 661 de la era Cristiana.

 

San Pedro fue hecho prisionero y encerrado en una fortaleza en la ciudad de Samara, a orillas del río Éufrates.

 

II – EN LA PRISIÓN

 

En el tiempo que le toco vivir en prisión, bajo las duras condiciones de salud e higiene, trato de no caer en la desesperación. Comenzó un combate espiritual donde primero reflexionó sobre su vida, sus errores, y de la falta que tuvo de no tener presente a Dios en sus decisiones.

Recordó en su adolescencia en Constantinopla, ver a las iglesias y Monasterios, y sus monjes celebrando con sus cantos y escuchando las proezas de los mártires y santos. Recordó que quiso ser uno de ellos.

 

De esta manera, comenzará a olvidar las penurias y a vivir como un monje, donde justamente, todas las carencias que vivió en prisión, eran una ayuda para vivir bajo un ayuno estricto y en acompañamiento de la oración.

 

III – LA ORACIÓN A SAN NICOLAS EL TAUMATURGO y SAN SIMEÓN EL RECEPTOR DE DIOS

 

En la prisión, gran parte de sus oraciones fueron dirigidas a San Nicolás el Taumaturgo (siglo IV), quién durante la feroz persecución contra los cristianos de Diocleciano (284-305), el santo fue encarcelado y fue ejemplo para muchos cristianos que sufrieron como él de la prisión y las torturas, por no hacer apostasía de la fe en Cristo. Llego al poco tiempo el Emperador Constantino al poder, y San Nicolás y sus hermanos de fe, fueron liberados de las prisiones.

 

Así fue que, San Nicolás se apareció en los sueños de Pedro y le aconsejo que su oración y pensamiento se vuelquen sobre San Simeón, el Justo, el Receptor de Dios. ¿Por qué? Ningún ser humano en la tierra, decidió vivir tanto para poder ver llegar a Cristo al mundo, ya que, habiendo sido convocado como judío a Egipto por instrucciones de Ptolomeo II Filadelfo (284-246 a. C.), monarca griego de Egipto, para realizar una traducción del Antiguo Testamento al griego (la futura septuaginta), se encontró en el mismo la profecía del nacimiento del mesías por una virgen  (Is 7,14).

 

Sin Simeón, se cree que vivió más de 360 años para que un día estando él presente, arribara al templo, luego de los 40 días de su nacimiento, el niño Jesús, acompañado de José y María. Ahí, San Simeón proclamará las históricas palabras que en nuestras Liturgias se proclama siglo tras siglo: “Señor, ahora dejas partir en paz a tu siervo, conforme a tu palabra, porque han visto mis ojos tu salvación…”

 

San Pedro, en la prisión, rezaba para aprender de San Nicolás, su fuerza espiritual para soportar todas las injusticias de su encarcelamiento, y de San Simeón, que ninguna espera es corta, cuando se tiene la esperanza fuerte.

Aconteció que en medio de sus sueños, se presentó en su celda San Simeón, y con su bastón tocaría sus cadenas y estas se derretirían. Pedro despertó y descubrió que no era un sueño. También, las puertas de la prisión estaban abiertas y él pudo salir a la libertad.

 

IV – EL CAMINO A ROMA Y EL SUEÑO DEL PAPA

 

Durante su camino a la libertad, San Nicolás lo acompañaría, saliendo de las tierras ocupadas por el islam, pasando por los límites del imperio de Bizancio, pero su camino conducía a Roma, para cumplir la promesa que le dio a sus santos: asumir la vida monástica, frente a la tumba del Apóstol Pedro.

 

Pero San Nicolás fue aún más allá: se le aparecerá en sueños al Papa de Roma, a quien le relatara la huida de la cárcel de Samara, y el largo peregrinaje a Roma. Así fue que el Papa, al acudir a los Servicios Divinos, buscó en medio de la multitud a Pedro, y lo reconoció al instante, y clamó: “Pedro, tú que has venido de tierras lejanas y a quién San Nicolás liberó de la prisión en Samara, ven a mí”.

 

De esta manera, el Papa tonsurará monje a Pedro ante la tumba del Apóstol. El Papa mismo le enseñara las reglas de la vida monástica y lo tendrá a su lado un tiempo, hasta que estuviera listo para continuar su peregrinaje.

 

V – ATHOS: EL CAMINO QUE LE MARCO LA THETOKOS

 

Luego de permanecer un tiempo junto al Papa de Roma, inicia una travesía hacia el Este, retornando al interior del Imperio Bizantino.

 

En un momento del viaje, desembarcaron en un lugar, donde unos habitantes, también navieros del lugar, le pidieron acercarse a una casa donde una peste había afectado a varias personas. San Pedro oro por ellos y lograron sanarse, para luego marchar nuestro santo retornar al barco y continuar la travesía.

 

Durante el viaje, en sus sueños se hace presente la Santísima Madre de Dios, quién con ternura le hablará de un lugar especial donde irá a vivir por el resto de su vida. Así fue que, a los pocos días, el barco al navegar cerca del Monte Athos, detuvo su marcha por sí solo. Ese fue el año del Señor del 681, trescientos años antes de que San Athanasios de Athos, por el 950, iniciara su vida eremítica en la Montaña Sagrada, y la construcción del primer monasterio.

 

VI –LA THEOTOKOS COMO ESCUDO DEL MONJE

 

El monje Pedro, vivió durante 53 años en una cueva del Monte Athos. Apenas lo envolvía algo de ropa y su barba había crecido tanto, que cubría casi todo su cuerpo.

 

Sus primeros años fueron los más difíciles a causa del ataque de los demonios. Al principio, llegaban a su cueva queriendo obligarlo a salir de la misma. En algunos casos, tomaron apariencia de soldados que lo llamaban de nuevo a la guerra. En otros casos, de feroces fieras que querían despedazarlo. Sin embargo, cuando ello acontecía, el monje se volvía hacia la ferviente oración a Cristo y a la Theotokos.  En medio de dicha paz espiritual, los demonios se desvanecían frente a la entrada de su caverna.

 

Los demonios, optaron entonces por engañar al solitario monje. En una ocasión, llego a la puerta de su caverna un  “joven” proveniente de su tierra natal, pidiendo que abandonara el lugar y regresara a su propia casa. El dolor le llegara muy profundo al monje cuyos ojos se cubrirán de lágrimas, sin embargo, sin dudar respondió al visitante: “Hasta aquí me ha conducido el Señor y la Santísima Madre de Dios, y sin su permiso, no saldré de aquí”.  Al escuchar la respuesta el demonio, desapareció.

 

En otra oportunidad, el ardid, fue más profundo: fue un “ángel” quién se hace presente en su morada, diciéndole al monje que Dios le había enviado para avisarle que era tiempo de salir de su eremita y viajar por el mundo para guiar a las personas que necesitaban dejar el pecado. Sin embargo, el asceta no se dejó amedrentar: sin la autorización de la Madre de Dios, el no abandonaría su eremita. El demonio molesto, abandono la morada del Santo y la Santa Montaña.

 

VII – MANA DEL CIELO

 

La Madre de Dios se apareció al monje Pedro en un sueño junto con San Nicolás y le dijo al valiente ermitaño que cada 40 días un ángel  le traería el maná celestial.  A partir de entonces, el monje Pedro ayunó durante 40 días, y al cuadragésimo día se fortaleció con el maná celestial, recibiendo fuerzas para continuar la abstinencia durante cuarenta días más.

 

VIII – SAN PEDRO Y EL CAZADOR

 

Una vez, un cazador que perseguía un ciervo se topó con el ermitaño y llevase un gran al ver su casi ausencia de ropaje y su larga barba.  Se asustó y estuvo a punto de huir.  El monje Pedro sin embargo, salió a su encuentro y lo tranquilizó. Luego, reunidos en su eremita, le relatará al cazador su vida de aventuras y su llegada al Monte Athos.  

 

El cazador, maravillado con la historia del monje, pidió permiso para quedarse con él, pero el santo consideró que no era el tiempo de esa persona de dejar el mundo para acompañarlo.  Le despidió diciéndole que regresara luego de un año, pidiéndole que no contara a nadie de su existencia.

 

Un año transcurrió, y el cazador regresó. Lo acompañaba su hermano quién se encontraba afligido por un demonio, y junto con varios compañeros más.  Cuando entraron en la cueva del monje Pedro, vieron que ya había reposado ante Dios.  Corría el año del Señor del 734

El cazador, entre amargos sollozos, contó a sus acompañantes la vida del monje Pedro, y su hermano, quien estuvo atento a todo el relato, con sólo tocar el cuerpo del santo, recibió la liberación. 

 

IX – RELIQUIAS

 

Las santas reliquias del Monje Pedro,  se encontraban en el Monte Athos, en el monasterio de San Clemente. 

 

Durante el período iconoclasta las reliquias fueron escondidas y en el año 969 fueron trasladadas a la aldea tracia de Photokami. 

 

X – LA ORACIÓN

 

Al nombre del monje Pedro de Athos se une el sagrado testimonio de la Madre de Dios sobre su presencia terrenal, en el Santo Monte Athos, que aún hoy sigue vigente:

 

"Que haya paz en el Monte Athos, porque esto le es concedido.  Yo por Mi Hijo y Dios, dados a Mí, en donde sean separados de los susurros mundanos y reúnan a los espirituales en el poder de sus hazañas, con fe y amor en el alma invocando Mi Nombre, para luego pasar su vida terrenal sin dolores en alma , y para que sus obras que agradan a Dios reciban la vida eterna; porque amo mucho este lugar, y deseo en él el crecimiento del número de monjes; y quienes posean la misericordia de Mi Hijo y de Dios como monjes nunca serán destruidos; y si ellos observan los mandamientos salvadores, yo  los haré expandirse sobre la Montaña al sur y al norte, y la poseerán desde el mundo hasta el fin del mundo, y haré digno de alabanza su nombre en todo bajo el sol,  y así defender a aquellos que allí con paciencia ascética ayunan".

 

Compilación: Patriarcal Ateneo San Marcos

jueves, 30 de mayo de 2024

Sobre el Hesicasmo IV

 

SOBRE EL HESICASMO IV

 



PREGUNTA: LA PRACTICA DE LA ORACIÓN DEL CORAZÓN ¿PRODUCE CAMBIOS EXTERIORES EN LA PERSONA? ¿MEJORO MIS RELACIONES CON LA GENTE QUE ME RODEA?

 

RESPUESTA: Si la Oración Perpetua no produjera cambios exteriores en la persona, es que NO  se han dado CAMBIOS INTERIORES, o sea: nos hemos convencido  que ello ha sido así porque nos sentimos “en paz”, en “armonía”, en “sintonía con el universo”, etc., como suele decirse de ciertas prácticas sincretistas de los tiempos contemporáneos.

 

 Hay que entender, que para alcanzar la hesiquia -el silencio interior- deberéis haber  suprimido todas las distracciones, renunciado a los pensamientos del “mundo”; y solo en ese instante, vuestro espíritu se despertará a las OBRAS Y A LAS PALABRAS ESPIRITUALES.

 

A la relación con aquellos que nos rodean en el trajinar del día, se les despertará virtudes diversas, que hacen al CAMINO, y al mismo tiempo se constituye en una PRUEBA a  ese proceso de transformación, de sanación interior. Ya no seréis personas de discursos vanos, con la obsesión de ganar una contienda discursiva. La serenidad, no la introversión que daña por dentro, son parte de las consecuencias de la hesiquia. Uno ve más allá de los discursos, y aprende a conocer las almas aturdidas  que nos rodean.

 

Finalmente: ¿mejoro mis relaciones con la gente que me rodea?

 

Sería bello responder afirmativamente, pero NO ES ASÍ. En el oscurecimiento del mundo, en el alejamiento de la raza humana del amor a la Santísima Trinidad, nuestra presencia molesta a los demonios que se hacen rectores de este mundo.  Aquellas atemorizantes palabras que Nuestro Señor Jesucristo brindo a sus seguidores,  tendrán que estar presentes en cada uno, puesto que no solo vaticinaron los primeros siglos de persecuciones del cristianismo, sino también los tiempos finales que hoy vivimos: 

 

9 Y miraos a vosotros mismos: os entregarán a sanedrines y a sinagogas; desollados seréis, y, ante gobernadores  y reyes, puestos por mí en testimonio para ellos.

10 Y a todas las gentes primero menester es se predique el Evangelio.

11 Y, cuando, os lleven, entregando, no os preocupéis de qué hablar, sino lo que se os dé en aquella hora, esto hablad; que no sois vosotros los hablantes, sino el Espíritu el santo.

12 Y entregará hermano a hermano a muerte, y padre a hijo; y levantaránse juntos hijos contra padres y mataránles,

13 y seréis aborrecidos de todos por mi nombre. Mas el perseverante  hasta el fin, éste se salvará.»   (Marcos 13, 9-13)

 

En el presente que vivimos, en algunas naciones no cristianas, la conversión al cristianismo no es permitida, y la muerte es el castigo. Hay familias que asesinan a sus hijos por seguir a Cristo. Y estarán los que siendo “cristianos” nominalmente, dirán que están “locos” por seguir una quimera, o “fundamentalistas” en un mundo donde impera la “libertad”, aquella de la “era del vacío” (Gilles Lipovetsky) , de la “sociedad del cansancio” (Byung-chul Han), del “abolicionismo” de la moral (Richard Joyce), y de tantas nuevas “tablas” del reino del Anticristo.  

 

Mi amigo: prepárese, estos son los nuevos cielos, los nuevos amaneceres de los “locos de Cristo”.

 

Vladyka TEOFANO, Juan M Garayalde

Patriarcal Ateneo San Marcos – IOBE Argentina

 

 

miércoles, 29 de mayo de 2024

Hieromonje Teodoro el Santificado

 

HIEROMONJE TEODORO EL SANTIFICADO

Discípulo de San Pacomio el Grande

Patrono de nuestra Iglesia en la República del Paraguay

29 de Mayo  / 16 de Mayo  – Calendario Eclesiástico


 


I - EL LLAMADO

 

Teodoro llegó de pequeño a Egipto, posiblemente proveniente de Grecia, siendo hijo de padres cristianos ricos e ilustres. Su padre falleció siendo el joven.

 

El anhelo por la vida monástica temprano apareció en él. Una vez, en la casa de sus padres, durante la fiesta de Teofanía, hubo una gran fiesta, y el muchacho no quiso participar en las festividades, lamentando que debido a las alegrías terrenales se vería privado de alegrías en la vida venidera.

 

II - ESCAPE A TABENNISI

 

A los 14 años de edad, salió en secreto de su hogar y se instaló en uno de los monasterios fundado por San Pacomio, que tenían como centro el Monasterio de Tabennisi, fundado en el año 320 por San Pacomio en una isla del Nilo al norte de la ciudad de Tebas, en el Alto Egipto.

Ahí comenzó a vivir como asceta, pero cada día despertaba mas su curiosidad de conocer al hombre que había inspirado todo ese originario primer movimiento monástico oriental. A partir de ahi, busco la manera de llegar a él para conocerlo.

 

III - JUNTO A SAN PACOMIO

 

Luego de mucho indagar, el joven Teodoro, finalmente marcho a ver al venerable Pacomio. Este último, recibió al muchacho ya teniendo conocimiento de él, ya que Dios le había informado de antemano sobre su venida.

 

Permaneciendo cercano a Pacomio en el monasterio, el monje Teodoro rápidamente se destacó en todas sus tareas monásticas, particularmente en la obediencia a las reglas creadas por San Pacomio. 

 

La madre de Teodoro, al enterarse de que estaba en el monasterio de Tabennisa, acudió al monje Pacomio con una carta del obispo, implorando una reunión con su hijo. Pero el monje Teodoro, temiendo romper su voto de renuncia del mundo, se negó a reunirse con su madre.

Al ver la fortaleza de la mente y la habilidad de San Teodoro, el Monje Pacomio pensó que era momento de brindarle otras responsabilidades. 

 

IV - NUEVAS RESPONSABILIDADES

 

Pacomio le confió la enseñanza de otros monjes, y ello suscito al comienzo rispideces con otros monjes:  una vez le ordenó que diera una instrucción a los hermanos sobre la Sagrada Escritura. San Teodoro tenía entonces unos 20 años.

 

Él obedeció incuestionablemente y comenzó a hablar, pero algunos de los hermanos mayores se ofendieron porque un monje muy joven no debería instruirlos, y se fueron. Entonces, el Monje Pacomio les dijo: "Ustedes se han rendido al diablo y por su presunción sus esfuerzos no han servido de nada. No rechazaron a Teodoro, sino la Palabra de Dios, y se han privado del Espíritu Santo".

 

Cuando Teodoro cumplió los 30 años, Pacomio lo nombró suplente en su ausencia en la dirección del monasterio de Tabenneisi, cuando este salí a recorrer otros comunidades monásticas.

 

Teodoro fue el primer monje en ser ordenado sacerdote, y por ello se lo conoce como el “santificado”.

 

V - ÚLTIMOS AÑOS DE PACOMIO

 

San Pacomio nombró al Monje Teodoro como supervisor del monasterio Tabennisa y se retiró a un monasterio más solitario. San Teodoro con amor filial continuó preocupándose por su instructor, y en la enfermedad final del monje Pacomio lo cuidó, y cuando el gran abba nació a los cielos, Teodoro le cerró los ojos.

 

VI - ABAD DE TABENNISI

 

Después de la muerte del monje Pacomio, fue reemplazado en su cargo por el anciano monje Petronio, que murió poco después, siendo sucedido por el monje Orsisis, el cual no tenía gran experiencia en la organización.

 

Orsisis finalmente, pedirá a Teodoro que tome la responsabilidad del manejo de la comunidad monástica, que para la muerte de San Pacomio, llegaba a mas de 3.000 monjes.

 

En sus últimos años mantuvo correspondencia con San Atanasios, Patriarca de Alejandría.

San Teodoro resposó en el Señor a muy avanzada edad, en el año 368.

 

QUE SU MEMORIA SEA ETERNA

Compilación: Patriarcal Ateneo San Marcos.

martes, 28 de mayo de 2024

SAN PACOMIO EL GRANDE

 

SAN PACOMIO EL GRANDE

28 de mayo / 15 de mayo – Calendario Eclesiástico

 


 

I – SUS INICIOS 


Pacomio nació en Kenobsoskion (actual Nag Hammadi), en el Alto Egipto, en el seno de una familia muy modesta, con un bajo nivel educativo y sin conocimientos de las principales corrientes filosóficas y religiosas de la época. Sólo hablaba y escribía copto; el siríaco y el griego, las principales lenguas a las que se había traducido la Biblia en Oriente a partir del siglo III, le eran desconocidas. Pacomio no supo prácticamente nada del cristianismo hasta la edad adulta.

 

En el año 312 él fue tomado al servicio del ejército del Emperador Maximino, quien se levantó contra los Emperadores Constantino y Licinio.

 

Pacomio nunca cuestionó su paganismo en la primera parte de su vida: a la edad de 20 años, fue reclutado a la fuerza en el ejército imperial de Constantino que luchaba contra los persas, aunque otras versiones nos habla que fue al servicio del ejército del Emperador Maximiliano Daya (308-313), quien se habría levantado contra los Emperadores Constantino y Licinio.

 

Durante este contexto militar, no modificó en nada sus creencias y no conoció a ningún cristiano.

 

II – SU CAMINO AL DESIERTO

 

Mientras estaba en el ejército, Pacomio fue hecho prisionero en Tebas. Durante su cautiverio fue consolado por los cristianos del lugar, que no lo conocían, siendo alimentado en secreto por ellos. Conmovido por esta dedicación desinteresada a un extraño, preguntó a uno de ellos quién le mandó hacer eso, y le dijeron que fue el Dios que está en el Cielo. Aquella noche el prisionero rezó con los cristianos a ese Dios, sintiéndose inclinado a seguir tan bella doctrina.

 

Cuando se vio libre, volvió a Egipto y se bautizó. Aún sin saber qué rumbo tomar, se puso al servicio de una comunidad cristiana, que le permitiría practicar la caridad con la que había sido tratado durante su prisión. Pero esto no le satisfacía, pues quería dedicarse por completo a Dios. Le informaron que un anciano llamado Palemón servía a Dios en el desierto. Fue en su búsqueda y se puso bajo su dirección.

 

De san Palemón, dice el Martirologio Romano Monástico del día 11 de enero: “En la Tebaida, alrededor de 330, san Palemón eremita, que inició a san Pacomio en la vida monástica y le dio sus principios fundamentales: vigilar y orar en el ayuno y en la soledad”.

 

Nada había preparado a este antiguo soldado para convertirse en monje solitario, arriesgando su vida en el proceso.

 

Entonces llegó su encuentro con el otro "gigante" egipcio: San Antonio el Grande (+356). Pacomio recibió así una "formación" completa, no de instituciones educativas (inexistentes en aquella época), sino de boca de dos santos monjes.

 

 

III – SU GRAN MISION

 

La última etapa de su itinerario interior fue el milagro de la "voz" de un ángel que le pedía que fundara su propia comunidad de monjes. Pacomio imaginó un modo de vida totalmente nuevo para los monjes y redactó una regla que influiría en toda la cristiandad: ninguno de los Padres latinos del monacato criticaría o modificaría sustancialmente a San Pacomio.

 

Después de 15 años de ascetismo espiritual secreto, el Señor lo inspiró para que reúna bajo una misma norma general a los ermitaños, que vivían por separado. En una isla del río Nilo (Tavena) él comenzó a organizar un monasterio. De esta manera, el primer monasterio, fundado en Tabennesi en 323, se convirtió en pocas décadas en el centro del monacato egipcio.

 

Al poco tiempo ese monasterio no podía albergar más a las personas deseosas de salvarse bajo la dirección de San Pacomio, y él se vio obligado a fundar más monasterios sobre la costa del río Nilo, no lejos uno del otro. Él estableció el primer convento de monjas, donde su hermana fue la primera abadesa (superiora).

 

IV – REGLAS DE CONVIVENCIA

 

En sus monasterios él llevaba un reglamento obligatorio para todos. Esto será conocido como la Regla de Pacomio, escrita en copto, y posteriormente traducida al siríaco y al griego (y transmitida así al mundo bizantino), y luego al latín por san Jerónimo (+420), lo que permitió su difusión por toda la parte occidental del Imperio romano.

 

Este reglamento se basaba fundamentalmente en la: castidad, humildad, renunciamiento a todo lo mundano y una sumisión incondicional a su abad. Los monjes vivían de a tres.

 

En cada celda, juntos comían y realizaban sus labores. Todos usaban la misma vestimenta (la interior de hilo, sin mangas, la exterior de cuero, en la cabeza un gorrito de tejido de crines, en los pies sandalias). Unas cuantas veces al día al sonido de un instrumento, los monjes en silencio eran llamados a la Iglesia. Aquí leían las Sagradas Escrituras, escuchaban las enseñanzas del superior, rezaban y cantaban Salmos.

 

Los domingos venia un presbítero del pueblo vecino que oficiaba la Liturgia y daba la comunión a los monjes. San Pacomio no tomaba el sacerdocio ni tampoco permitía a otros, tomar esa dignidad, para que no caigan en orgullo o ámen el poder. Salían a trabajar todos en orden y en silencio junto a su superior. Nadie podía comenzar una nueva labor ni cambiarse de lugar sin la bendición del superior. El trabajo realizado por un hermano pertenecía a la comunidad, y no a él.

 

Se alimentaban una sola vez al día — al mediodía, y su alimento se componía de pan, frutas y verduras. El domingo se podía cenar. Para que todas estas normas fuesen cumplidas por los monjes, sin cambios, San Pacomio determinó recibir a las personas deseosas de ingresar al monasterio, no antes de haberlos sometido a un año de prueba. Durante la vida de San Pacomio la organización monacal establecida por él, aumentó a siete mil monjes, y cien años después, a cincuenta mil personas.

 

V – LA REGLA

 

Las intuiciones de Pacomio sientan las bases de todas las formas de organización de la vida de las comunidades monásticas que siguen existiendo hoy en día: noviciado, vestimenta única de los monjes, comidas en común y en silencio, oración continua durante el día y la noche (Liturgia de las Horas), servicio divino (misa), obediencia a los superiores, pobreza absoluta y puesta en común de los bienes, periodo de prueba para los postulantes, trabajo obligatorio proporcional a las capacidades de cada uno, atención especial a los enfermos, deber de hospitalidad y separación del convento de monjas.

 

VI – EL FIN DE UNA ERA

 

La aparición del "cenobitismo" (del griego koinos bios, "vida en común") en el siglo IV es tanto más increíble cuanto que en Egipto no existía entonces ninguna forma similar de vida contemplativa.

 

Los "anacoretas" (solitarios) y los "giróvagos" (monjes errantes) dominaron hasta la llegada de Pacomio.

 

Se puede decir que la vida monástica en Egipto nació con san Pacomio. No se trataba ya de un líder carismático que reunía a los ermitaños en pequeños grupos en torno de sí, sino de una comunidad de religiosos con reglas precisas de vida en común en la oración, la contemplación y el trabajo, a ejemplo de los Apóstoles.

 

San Pacomio fue agraciado por Dios con el don de milagros. Sin embargo, curaba diversas enfermedades o aflicciones con una condición: solo si era por el bien del alma. También fue favorecido con el don de la profecía.

 

El gran san Atanasio de Alejandría (296-373) quiso ordenarlo sacerdote, pero Pacomio decidió permanecer como laico por humildad.

 

Murió víctima de una plaga que asoló a Egipto. El lugar exacto de su entierro siempre ha sido desconocido, porque antes de su muerte había recomendado a sus discípulos más fieles que lo enterraran en un lugar secreto, para evitar la veneración de muchos de sus seguidores.

 

A su muerte, ya existían nueve monasterios masculinos y dos femeninos, cada uno con al menos treinta personas. A finales del siglo IV había varios miles de monjes de este tipo. En el siglo VI, 24 monasterios formaban el legado dejado por Pacomio en su tierra natal.

 

 



VII – EL MOVIMIENTO CENOBITICO SE EXPANDE

 

El monasticismo se propagó por muchos lados. En aquella época, cuando San Pacomio, estableció un monasterio en Tavena, uno de sus discípulos Amón, fundó una nueva comunidad para los monjes cerca de Alejandría, sobre el monte Nitria (este monte se denominó así por la gran cantidad de nitro, o salitre.). Al final del siglo 4, aquí se contaban, más de 50 monasterios y hasta 5.000 monjes.

 

Detrás del monte de Nitria estaba el desierto de Libia. Cuándo hubo estrechez sobre el monte de Nitria, Amón con la bendición de San Antonio, trasladó las celdas al desierto de Libia, a partir de ese momento ese desierto pasó a denominarse kelias (celdas).

 

Más allá del monte de Nitria se encontraba distante el monasterio de Sckit (nombre del lugar, que significa valle largo y seco) en donde San Macario de Egipto fundó la vida monacal.

 

Hacia allí no existía ningún sendero, para encontrar el camino se guiaban por las estrellas. Hilarion, uno de los discípulos de San Antonio trasladó, el monaquismo a su tierra natal, a Palestina (Tierra Santa), y en la cercanía de Gaza fundó un monasterio. De aquí el monasticismo se propagó por toda Siria y Palestina.

 

VIII – SAN BASILIO EL GRANDE Y SAN SAVVA EL BENDITO

 

San Basilio el Grande, terminada su instrucción y luego de recorrer Egipto y Palestina, difundió la vida monacal, en Capadocia (En Asia Menor, actualmente Turquía): tanto de mujeres como de hombres. Allí estableció un reglamento para los monjes que pronto se propagó por el oriente haciéndose universal.

 

Uno de los ascetas del siglo IV San Savva el Bendito, estableció un monasterio cerca de Jerusalén en la gruta del torrente del Cedrón, introdujo aquí el reglamento de oficios llamado “Tipicón”, el cual a través del tiempo fue completado y perfeccionado, siendo el cimiento actual de los oficios religiosos de la ortodoxia.

 

IX – ATHOS, LA MONTAÑA SAGRADA

 

El monasticismo oriental encontró un refugio especial en los montes Olímpo y Athos. En este último se encuentran aproximadamente: 20 monasterios cenobíticos, alrededor de 100 monasterios y celdas de ermitaños y cerca de 8.000 ascetas. Aquí se pueden observar distintos modos de vida monacal, desde los que se refugian solitariamente en grutas y celdas hasta los que viven en grandes comunidades (llamadas en ruso Lavra). Desde aquí el monasticismo se trasladó a Rusia.

 

X – OTROS LINAJES MONÁSTICOS

 

El modo de vida monacal, tanto ermitaña como en comunidad, fueron las que más se propagaron en Oriente. Pero existen otras formas de ascetismo como, el estilita que son monjes dedicados a la oración, sobre una columna, por ej. en el siglo V — San Simeón “el estilita,” en el siglo VII —San Alepio “el estilita”; la de los “no durmientes”; y “la de los locos en Cristo”(ascetas que por Cristo se hacían pasar por locos, a fin de elevarse espiritualmente, doblegándose y soportando la humillación del trato, para no caer en el orgullo, consiguiendo así, un total desapasionamiento, como San Simeón “el loco en Cristo”.

 

Compilación: Patriarcal Ateneo San Marcos

 


jueves, 23 de mayo de 2024

Santa Isidora, loca de Cristo

 

SANTA ISIDORA, LOCA DE CRISTO

 

23 de mayo de 2024 / 10 de mayo de 2024 – Calendario Eclesiástico

 



I – FUENTES DE SU HISTORIA

 

La asombrosa y santa historia de Isidora, se la puede hallar en la obra “Historia Lausiaca”, escrita entre 418 y el 420,  por el obispo Paladio de Galacia, de Helenópolis de Bitnia, quién había sido discípulo de Evagrio Póntico.  En dicha obra, se relata los primeras épocas del monacato cristiano en Egipto, tanto del periodo anacoreta como posterior a la aparición del San Pacomio y su monacato cenobítico.

 

II – LLEGADA AL MONASTERIO

 

La vida de la Santa Isidora, comprende el siglo IV. No se conoce fecha de su nacimiento, tampoco de su fallecimiento. Sin embargo, lo que acontece en su vida es de una belleza y sabiduría que solo el CRISTIANISMO puede brindar a la historia de la humanidad.

 

La obra de Paladio de Galacia, no indica a que edad, ni en qué año ingresa Isidora al Monasterio de Tabennisi en Egipto, uno de los tantos complejos monásticos que se construyeron en los tiempos de Pacomio (+348), Petronio (+348),  Horsieso y Teodoro (+367), que llegaron a albergar en la región más de 4.000 monjes y monjas.

 

Cuando Isidora llego al monasterio, comenzó a realizar tareas de lo más básicas e inferiores dentro de las responsabilidades en todo monasterio; o sea, encargada de la limpieza, principalmente en la cocina.

 

III – AL MARGEN DE TODO

 

Isidora tomo los votos monásticos pero desde un inicio se diferenció por su forma de ser y trabajar del resto de sus hermanas. Ella usaba un paño de cocina sobre su cabeza en lugar del velo oscuro que usaban sus hermanas. Durante años, Isidora cumplió funciones de limpieza. Se la llamaba “la esponja del monasterio”.

 

Durante ese tiempo, sus hermanas intentaban evitarla. La consideraban una persona con “pocas luces” y por lo tanto, no apta para el trabajo monástico, relegándola a tareas menos dignas. Muchas veces, sus hermanas se burlaban o maltrataban a la monja Isidora. Prácticamente, no la consideraban como parte del Monasterio.

 

 IV – LOCA DE CRISTO

 

El tiempo paso, y en lugar de ir integrándose a la comunidad, Isidora se aislaba más. Algunas hermanas, a causa de su comportamiento torpe, la consideraban “demente” y hasta llegaron a afirmar que estaba “poseída por un demonio”.  Sin embargo, en la obra de Paladio, se afirmó que Isidora “simulaba locura y la posesión de un demonio”, pero como medio para mantener alejadas a sus hermanas y poder vivir mejor su soledad.

 

La trataban con desprecio y burlescamente. Sin embargo, de su boca no salía queja alguna. Ella, por ejemplo, no solía comer junto con sus hermanas. Su comida consistía en los restos de lo que limpiaba de las mesas y las ollas.

 

De alguna manera, Isidora, resguardaba su Fe de una manera muy especial. Hacia afuera, era servicial y obediente con sus hermanas, soportando también las injusticias. En ningún momento su alma flaqueo ante ello.

 

La tradición de la Iglesia, considera a Isidora como “loca de Cristo” según los testimonios recogidos. ¿Qué significa ser un “loco” por Cristo?

 

Las Santas Escrituras nos dan la respuesta: “Pues si estamos fuera de nosotros, es por Dios, si estamos en estado normal, es por vosotros” (2 Cor 5,13). Debido al celo que tenemos hacia el Señor, los “locos de Cristo” toman distancia de lo “normal”, aquello que es del Mundo, convirtiéndonos para el mismo, en locos, en dementes.  San Pablo agregará: “Que nadie se engañe; si alguno cree ser sabio entre vosotros en este siglo, que se haga necio, para que llegue a ser sabio” (1 Cor. 3,18)

 

¿Cómo llegan los “locos de Cristo” a tener influencias sobre las personas si se apartan de todos, hasta de la necesidad de enseñar el mensaje del Evangelio?

 

Hay muchas respuestas, más veamos en este caso, lo que nos enseñó la Santa Isidora.

 



V – UNA VISITA INESPERADA

 

Bajo una vida solitaria volcada al ascetismo, vivía San Piterum de Porfirita. Muchas gente lo respetaba, y acudía a visitarlo para escuchar sus consejos. Sin embargo, cierto día, mientras oraba, un ángel se le apareció y le cuestionó su orgullo. El ángel lo puso a prueba desafiándolo: 

"Ve al monasterio de Tabennisi. Allí verás a una hermana que lleva en la cabeza un trapo de cocina. Ella los sirve a todos con amor y soporta su desprecio sin quejarse. Su corazón y  sus pensamientos descansan siempre en Dios. En comparación, tú te sientas en soledad, pero tus pensamientos aletean por todo el mundo".

 

Sin dudarlo, el anciano San Piterum partió hacia el Monasterio de Tabennisi a buscar a la enigmática monja.

 

Al arribar al monasterio, Piterum pidió conocer a todas las hermanas. Tomase su tiempo para ir conociendo a cada una, pero ninguna podía asemejarse a lo que el ángel le había descrito. Descorazonado, volvió a preguntar si ya había conocido a todas las hermanas del Monasterio. Estas, extrañadas con el pedido, solo atinaron a indicar que había otra persona más, pero que poseía problemas mentales; estaba loca y alejada de las actividades más importantes del Monasterio.

 

El anacoreta, Piterum, pidió verla también y las hermanas comenzaron a llamarla, pero Isidora no respondía al llamado. Estas tuvieron que ir a buscarla y forzarla a llevarla frente al monje Piterum, quién al observar su penoso aspecto, de repente tendrá la visión que ese humilde trapo con el cual cubría su cabeza, era en realidad una corona de santidad. Con lágrimas en sus ojos, se arroja a los pies de Isidora pidiéndole la bendición. Isidora, conmovida, se postro frente al monje pidiendo también su bendición.

 

VI – REGRESO AL DESIERTO

 

Luego del acontecimiento entre el Monje Piterum y Santa Isidora, las monjas quedaron atónitas y sin entender, trataban de explicar al monje que estaba cometiendo un error de juicio, a lo que él les responderá: “¡Sois vosotras las locas!” (…) "¡Isidora ante Dios está más alta que todas nosotras!"  (…)  “¡Ella es vuestra amma –madre espiritual- tanto mía como vuestra!”.

 

Avergonzadas, las hermanas pidieron disculpas al visitante y a la hermana Isidora. Su actitud hacia ella, cambio de manera rotunda. Primero, pidieron al monje que las confesara de todos los pecados que habían cometido con saña, consientes  o inconscientes  contra Isidora. El monje Piterum, las escucho a todas, oro por ellas, se despidió de Isidora y se retiró del Monasterio. 

 

Tras la partida del anacoreta, la vida de Isidora cambió dramáticamente, en tanto que ahora se había convertido en el centro ascético de todo el monasterio. No solo sus hermanas, sino también los peregrinos comenzaron a querer hablar con ella y pedir su bendición y consejos.

Al poco tiempo, la monja Isidora, decidió partir del Monasterio para volver a recuperar su paz interior. Su destino final permaneció desconocido. Se cree que vivió sus últimos años en una eremita solitaria en el desierto, situando la tradición de la Iglesia, como su fecha de fallecimiento, el año 365.

 

Compilación: Patriarcal Ateneo San Marcos