jueves, 10 de diciembre de 2009

La tragedia del Sandoval

LA TRAGEDIA DEL SANDOVAL

Este escrito del año 2004 lo aprecio mucho. Uno pasa por lugares de los cuales desconoce su historia. Calles, viejas casonas, monumentos, una antigua fuente ... un boveda abandonada.
Recuerdo cuando hacia mis viajes en colectivo a San Justo en Provincia de Buenos Aires (Argentina) a visitar la casa de Mons. Valerian, un lugar humilde enclavado en la mitad de una manzana, al que se llegaba recorriendo un extenso pasillo que iba desde la calle. Un lugar lejos del ruido .. lleno de libros y mas libros, un gata timida que se ocultaba, una pava calentando agua para el mate y las largas conversaciones con Mons. Valerian de historia, teología y filosofía. Pero en ese camino a su casa, descendía en la Rotonda de San Justo, un cruce de carreteras y autopistas .. lineas de colectivo yendo y viniendo .. y caminando hacia mi destino, me encontraba siempre con una Palmera en el medio de toda esa jungla de cemento. Un día .. detuve mi paso y leí la pequeña placa que tenía la Palmera a sus pies.
Ella era el recuerdo de una antigua posta de caballos llamada "la Posta del Estanco de Montero", lugar donde los viajeros cambiaban caballos, tomaban un refrigerio y empezaban el largo camino al norte, ya dejando detras definitivamente la ciudad de Buenos Aires. Esta cerro definitivamente en el año 1938.
Sólo hay eso .. una palmera .. rodeada de baldosas, de edificios en mal estado, y solo la proteje unas rejas de un metro de alto. Pero ella sigue ahi .. con su historia ... de cientos de años.
También, un día .. hace ya cinco años, me tope con un monolito, junto a un viejo puente en deshuso sobre un pequeño arroyo llamado "El Sandoval", en el medio de una ruta que une mi ciudad natal de Concordia con la ciudad de Villaguay en la Provincia de Entre Ríos.
Mi padre comenzo a contarme la historia de ese monolito .. y su signficado. El relato que sigue a continuación, tiene dos partes .. una es la vivida por mi Padre, y la otra por mi. En el relato, somos una sola persona...

Xristos Anesti!
Mons. Teofano
Iglesia Ortodoxa Bielorrusa Eslava



La Tragedia del Sandoval

I – El Hotel La Sort

Era una tarde otoñal del 25 de abril. El año importa poco; sin embargo, todos los 25 de abril siempre me llevarán a recordar el año 1914 ... a las oscuras y frías aguas del arroyo Sandoval.

Venía cruzando la Plaza 25 de Mayo de la ciudad de Villaguay. El sol comenzaba a ocultarse, y la ciudad comenzaba a adormecerse. Las luces de la plaza, con sus caracteres coloniales, lucían misteriosas esa noche. En torno a esa cuadra arbolada comenzó a nacer Villaguay: en 1823, el gobernador de Entre Ríos Gral. Mansilla, ordena construir una Capilla, el centro espiritual donde un polvoriento caserío se convertiría en ciudad. En esos tiempos primitivos, Villaguay era apenas un lugar de paso entre la Bajada del Paraná y el Arroyo de la China, la futura Concepción del Uruguay.

Apenas se veían pasan vehículos y carruajes por la calle. Cruzo casi sin necesidad de mirar. Ingreso en el Hotel La Sort de la calle Balcarce. Mis pasos me llevan a su comedor. Mucha hambre no tenía, así que me acerque sólo a tomar algo. Me sumergí en mis pensamientos al mismo tiempo que el cielo se nublaba, y en el, resplandecían las luces de la calle que buscando una rendija entre las nubes para escapar.

Mis pensamientos fueron interrumpidos por unas voces detrás. Giré mi cabeza y vi a un grupo reducidos de ancianos –muy ancianos- sentados en un rincón tomando lo que me pareció un vaso de vino. Me llamó la atención verlos, puesto que no era común hallar viajeros de esas características en el hotel. Mi curiosidad fue aumentando. Algo había en esas personas que me impedía volver a mis pensamientos. Fue así que llamé al mozo para quitarme la duda.



El letrero que anuncia en penumbras la llegada al puente que cruza el arroyo Sandoval

El mozo con su chaqueta blanca, vieja pero impecable, rondaba los 50 años. Desde hacía tiempo que lo veía en el Hotel en muchos de mis viajes a la ciudad. Su rostro se puso sombrío al escuchar mi pregunta, y doblando su cintura, tratando de acercar su cabeza hacia mi, con ojos fijos y vos pausada, casi susurrante me dice: "Son los sobrevivientes del Sandoval ...".

Fue ese 25 de abril de un año sin importancia, que llego a mis oídos la tragedia del Sandoval. Desde el fatídico año de 1914, los sobrevivientes –cada vez menos con el paso de los años- se reunían, en este caso, en el Hotel La Sort a recordar a sus camaradas caídos. Ya no quedaban muchos el día que los vi. El recuerdo no tardaría en morir con ellos, y por más que me esfuerce en escribir su historia, nunca podré relatarles con precisión esa oscura y trágica noche de 1914.


II – La Tormenta

A comienzos del año 1914, el Ejercito Argentino se dispuso a realizar unas monumentales maniobras en la provincia de Entre Ríos. Una gran cantidad de tropas se prepararon para marchar desde Buenos Aires. Habían llegado al teatro de operaciones, agregados militares de países como Inglaterra, Francia, Alemania, y de los países limítrofes Chile, Uruguay y Brasil. Eran tiempos decisivos. Europa estaba ingresando en la Primera Guerra Mundial.

Los lugares elegidos para las acciones militares eran los departamentos de Concordia y Villaguay. Para el ejercicio militar, se dividieron las fuerzas en dos bandos: el rojo (atacantes) comandado por el general de brigada Eduardo H. Ruiz, y el bando azul (defensa) comandado por el general de brigada Proto Ordoñez.

Muchas expectativas se habían puesto en dichas acciones militares. Por aquellos tiempos, todos estos ejercicios requerían por su peligrosidad una alta planificación. Era raro que terminado los mismos, no hubiera que lamentar pérdidas humanas y daños materiales considerables. Por otro lado, lejos se esta de comparar los ejercicios de esa época (ejercicios que hasta mediados de la década del ´70 se pudo ver en el país) con los actuales, que involucran un número reducido de fuerzas y materiales, producto de la "profesionalización" del ejército, o desmembración del mismo, término más adecuado para describir la situación actual.

Los ejercicios militares coincidieron con una terrible tormenta que asoló la región. Durante tres meses el centro de la provincia de Entre Ríos fue el núcleo de ese gran fenómeno de la naturaleza.. La cantidad de agua caída, desbordó el Río Gualeguay, que es la columna vertebral de la provincia, y en la que desembocan una gran cantidad de arroyos.

Toda la región estaba convulsionada. Sin embargo, eso no detuvo la iniciación de las maniobras, sino por el contrario, las dificultades que el clima imponía a la zona de operaciones creaban mayores expectativas acerca de la resistencia que tuvieran las tropas en alcanzar sus objetivos.

Llego así la noche del 25 de abril de 1914. Eran las 21.00 cuando arriban al arroyo Sandoval las fuerzas del Capitán Julio Mom del Regimiento 2 de Infantería "Gral. Balcarce" .. el mismo nombre de la calle del Hotel La Sort. La ruta había desaparecido bajo las aguas turbulentas del Sandoval. Corrían peligrosamente empujadas por el viento que no dejaba de soplar con violencia inusitada. Apenas se veía por sobre las aguas al terraplén de la vía del ferrocarril que corría paralelo al camino.

El viejo puente del tren. En la noche trágica por la inundación, solo el terraplén del tren asomaba sobre las aguas del arroyo


El Capitán Mom tomó la decisión de hacer avanzar al escuadrón por sobre las vías del tren para cruzar el Sandoval. Todo se hizo lentamente, pues el viento no disminuía su violencia, cayendo sobre los desprotegidos soldados que lentamente caminaban sobre el terraplén en la penumbra, casi cegados, evitando perder el equilibrio y caer en las oscuras y agitadas aguas del arroyo.

Finalmente, le llega el turno al Capitán Mom y a los últimos soldados del escuadrón, que comienzan a cruzar. La tormenta crecía con una fuerza infernal. El agua del arroyo golpeada con fuerza el terraplén de la vía, levantando oleadas que pasaban por sobre los soldados. Nada se podía ver ... nada se podía oír.

Surge un tren de la oscuridad, rompiendo la cortina de lluvia y viento y mezclando en ella el humo de la locomotora, dando una imagen fantasmal, de pavor. El tren tomó por detrás a los últimos soldados del escuadrón. Cuando lo vieron, cuando lo oyeron ... ya era tarde. La gran mole de metal estaba sobre ellos. Atinaron a correr desesperadamente para terminar de cruzar el puente. Se empujaron unos a otros. Algunos cayeron en el arroyo, y este se los devoró. Otros, como el capitán Mom, fueron golpeados por el miriñaque del tren y arrojados con violencia del terraplén. Algunos que ya habían tropezado, y que temiendo caer en las aguas del arroyo, se sujetaron de los rieles, perdieron sus manos al paso del tren, sumergiéndose luego en la oscuridad.

Tardaron tiempo en reaccionar, de entender que había pasado. Sólo se veía al tren desapareciendo en la noche, con la misma imagen infernal que se anunció.

Hallaron el cuerpo del capitán Mom en uno de los extremos del terraplén. Tardaron tiempo de hallar a los otros cuerpos, entre las agitadas aguas bajo el azote constante de la tormenta. Seis muertos fue el resultado de la tragedia. De los heridos, los que sufrieron golpes y mutilaciones, poco hoy se sabe.

Fue la noche más larga y fría que vivieron los sobrevivientes del Sandoval. Por horas quedaron tratando de rescatar de las aguas a sus camaradas caídos, para continuar luego la marcha hacia el punto de reunión estipulado en las operaciones.

Los años pasaron, pero los sobrevivientes nunca olvidaron. En 1943, el coronel L.M. Oddone, por entonces Jefe del Regimiento de Tanques I "Coronel Brandsen", hizo poner un monolito en forma piramidal y con base cuadrada en el lugar del accidente; y años después, en 1964, al cumplirse el 50 aniversario de la tragedia, por iniciativa del ex conscripto Mateo Acevedo Estrada sobreviviente de la tragedia, se hizo poner una placa en la pirámide en honor al Capitán Mom y a sus soldados caídos.

Ese día, de todo el país acudieron los sobrevivientes y las familias de los caídos. La ciudad de Villaguay recibió a esos hombres agraciados con el don del recuerdo, y por el alto Honor de homenajear a sus viejos camaradas.


III – El Viaje

Los años pasaron y estamos en el 2004. ¿Qué importancia puede tener este año para nosotros? La Argentina existe sobre ruinas donde todavía se insiste en conservar y mantener un sistema decadente, de principios falsos y de gobernantes hipócritas. Una tierra sin memoria. Nada entonces tiene de especial este 2004 .. ni su presidente, ni los periodistas, escritores y artistas de moda, ni siquiera los cada vez más escandalosos e interminables casos de corrupción tienen hoy algo de significativo ... a excepción de que en este 2004, se cumplirán 90 años de la tragedia del Sandoval. Sólo por eso quizás tenga sentido este año.

¿Qué significado tiene una tragedia tan lejana a nosotros? Aquellos que ven la magia presente en todas las cosas que nuestra mente percibe y logra crear, aquellos que buscamos recuperar el Espíritu Heroico de supo existir en esta tierra estamos, en un principio, obligados a buscamos a nosotros mismos. Es nuestra primera gran tarea.

Todo viaje, sea "mental" o real, nos ayuda a fortalecernos, a hallar respuestas y vivencias nuevas para incorporar. Aquí, estamos en busca de principios olvidados, que nos han hecho recordar los sobrevivientes del Sandoval.

Cada hecho que acontece en nuestras vidas, es como una piedra cayendo en un estanque, provocando ondas que llegarán a todos sus extremos. Lograr entender eso, es el primer paso para percibir el mundo mágico que nos rodea, y cuando el aprendizaje este completo, se sabrá entonces operar sobre esa nueva realidad, con el corazón y los ojos realmente abiertos.

Es así que, sin razones científicas de por medio, sin objetivos de corte materialista y sin pretensiones turísticas ... realicé un viaje al Sandoval, a revivir la Magia que ese lugar había atrapado.

Fue en pleno verano. Pero, los que recuerden el verano del 2004, sabrán que fue raramente poco caluroso. Un fin del 2003 caracterizado por importantes sequías. El año nuevo fue un día de frío. Un gran tornado abatió la ciudad de Córdoba en los días previos al 31; un acontecimiento meteorológico nunca visto en la segunda ciudad más importante de Argentum.

Mi viaje al Sandoval fue contra el reloj. Quería llegar habiendo luz; pero cuanto más me apresuraba, parecía el Sol correr más rápido hacia el oeste. Transitaba la ruta 18 dejando atrás la ciudad de Villaguay, y acercándome al poblado de Jubileo. Por el camino, se podía ver casas al borde del río Gualeguay, o sus afluentes más importantes, pero a medida que me acercaba al Sandoval, la población disminuía hasta desaparecer.

Finalmente, pasando una loma por la que subía y descendía la ruta, surge el arroyo Sandoval: un cañadón aluvional, muy angosto para ser un arroyo, muy ancho para ser un simple estanque que reúne el agua de la lluvia. El Sol me dio la oportunidad, con sus últimos rayos del atardecer, de poder ver los altos juncos y pastos que rodeaban el arroyo. No hay casi árboles alrededor. No hay nadie viviendo a los alrededores. El silencio parecía reinar.

El puente sobre la carretera es probablemente uno de los mejores que se han construido sobre un simple arroyo como el Sandoval. Muy probablemente, los ingenieros conociendo la historia fatídica que tiene el lugar, hayan sabido que ese cañadón inofensivo, bajo una gran tormenta, puede convertirse en una pesadilla.

Allí también estaba el terraplén del tren. Este ahora estaba a la misma altura de la carretera. Altos pastos rodean la vía, por la que ya pocos trenes suelen pasar, resultado de las grandes "revoluciones productivas" que los políticos de estas tierras llevaron a cabo.

Finalmente se alza en medio de los altos pastos el monolito, en forma piramidal y de base rectangular. Desciendo por una escalera de cemento que se halla al borde del puente carretero. Llego a un pequeño cañadón de un metro de profundidad que se comunica al arroyo y corre paralelo entre la vía y la carretera. Ningún pasto crece en él sorprendentemente. Desciendo al mismo, y un frío glacial se apodera de mí. Avanzo unos veinte metros alejándome del arroyo y quedo frente al monolito descolorido, rodeado de altos pastos que pretenden ocultarlo. En ese momento, el Sol me abandonó.

Esfuerzo mi vista, y alcanzo a leer:


"Ex Conscriptos clase 1892 de todas las unidades del Ejército.
Al capitán Julio Mom
Soldados del Regimiento 2 de Infantería "Gral. Balcarce"
Althabe Omico, Carranza Víctor, Costamalle Ernesto, Guirial Santos, Lombardi Alfredo.
En el 50º aniversario de su trágica muerte en este puente del Sandoval.
Maniobras militares, año 1914
25 IV 1914 – 25 IV 1964."

El monolito se encuentra al lado de la ruta, casi completamente tapado por los pastizales ... sumido en el olvido


Luego de largos segundos de mirar la pirámide, en la que un enjambre de mosquitos me acosan salvajemente, emprendo el regreso por el cañadón y saliendo del mismo, instantáneamente dejo de percibir el frío glacial que me acompañó en el trayecto al monolito. Subo a la carretera, y emprendo el viaje de vuelta.

En esa corta caminata hacia el monolito, sonaba en mi otra parte de la historia que pocos querían divulgar: el capitán Julio Mom no había sido muerto por el tren ...sino que al ver que este destrozaba a su compañía, al ver con sus propios ojos el horror que causó su orden de cruzar por el terraplén, extrae la pistola reglamentaria de su cinturón, y se suicida al borde del Sandoval con un disparo en la cabeza ...

* * *

A mis espaldas, la noche se ha hecho dueña de los campos. El arroyo ya es un punto lejano en la oscuridad. En mi corazón, restauro el recuerdo de la tragedia que los sobrevivientes, que homenajearon a sus caídos con ese solitario monolito, reuniéndose los 25 de abril de años sin importancia; como fue aquella noche en el Hotel La Sort, que por un acto no casual, me tope con los sobrevivientes de la tragedia.

Hoy a 90 años de la tragedia del Sandoval, la historia la han vivido a través de mí. Soy parte de un recuerdo imperfecto. No me he adueñado de esta historia, sino que ella misma me eligió a mi. Podrá el tiempo deshacer en mi mente los detalles de lo ocurrido, pero no logrará borrar jamás los simples y desdeñados principios que rodearon el hecho y que hoy mi espíritu ha abrazado con fuerza: el recuerdo por los caídos, y consustancialmente la pureza espiritual que impregnó a los sobrevivientes de esa trágica noche.

Ahora, es vuestro turno de recordar.

Juan M. Garayalde
Abril de 2004.

6 comentarios:

  1. Conozco el lugar. Tambíén he detenido mi marcha y me he apeado a contemplar el monolito. Supe de ese hecho por una mención de mi padre....el solo tenía idea de que un tren había atropellado un pelotón de soldados en maniobras, No sabía bien ni cuándo ni en que circunstancias. Me parece elogiable recordar esto. Es un lugar que impacta...por su silecncio y su soledad.

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  2. A mediados de la década del ochenta me desempeñé como Supervisor Escolar en el departamento Villaguay y en muchas oportunidades anduvimos por esa y la versión que había oído que el oficial de la columna ordenó pasar pese a la próximidad del tren y luego al ver los efectos de la misma,como dice el autor al final,se quitó la vida con un disparo en la cabeza.......pasé nueamente hace poco tiempo por allí y no pude ver el monolito que probablemente haya quedado debajo de los resto de vagones ferroviarios,entre ocho y diez,que estan abandonados desde hace seis años....las conclusiones quedan a cargo del lector.-

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  3. Saludos César: La imagen del monolito, es del 2004 según me acuerdo. Está entre el terraplén del tren y el puente nuevo. Ocurre que esta cubierto de altos juncos (que yo sepa, nunca tuvo mantenimiento). Uno tiene que bajar, y ahi lo vas a encontrar. Conserva la plata y todo. Espero que lo puedas encontrar la proxima vez y le saques una foto en recuerdo. Cordiales Saludos, +Teofano, Juan M. Garayalde

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  4. Que triste historia, que momentos terribles, que pena que no se recuerde en otra forma lo que ocurrió, tendría que hacerse una pequeña plazoleta en los alrededores del monolito, mantenerlo limpio y evitar que se pierda una historia como esta, no costaría mucho y serviría para que las futuras generaciones conocieran un poco más de estos sucesos. La historia me congeló el alma, me conmovió realmente, imagino el pesar de los familiares de estos muertos y de ver que el olvido pudo más que el recuerdo. Pienso viajar a Entre Ríos y es seguro que voy a ir a ver el lugar, aunque después de saber lo ocurrido, seguro se me caerá una lágrima en el recuerdo de estos jóvenes. Un abrazo.

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  5. En viaje a visitar a Doña Flora, mi recordada sanadora de Jubileo, pasé muchas veces por el sitio y parábamos siempre porque mi padre quería hacerlo.Mucho más tarde supuse que lo inducía el homenaje a sus camaradas. Él fue suboficial del 14 de Caballería entre 1955 y 1964 (el R. Brandsen es de los sesenta aprox. pequeño error en la nota y la placa yo la ví mucho antes). Para mí el sitio era magnífico para nuestros juegos de niño y algo fantasmagórico sentíamos en nuestra imaginación, no era imposible imaginar el horror en la noche. También recuerdo al Sandoval crecido, y ciertamente metía miedo, como todos los cursos entrerrianos cuando se da tal circunstancia. La nota me devolvió olores, imágenes, sonidos de mi lejana y querida Villaguay, vaya un gran saludo desde La Pampa.

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    1. Gracias Jorge por tu comentario. En el 2014 se cumplieron 100 años de la tragedia y se que en mi provincia hicieron algunos recordatorios y aparecieron fotos de la época. Un cordial saludo, Juan M. Garayalde

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