viernes, 19 de noviembre de 2010

ECUMENISMO


ECUMENISMO
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¿Es algo malo el ecumenismo?. Para muchos provenientes del seno mismo de las religiones, es negativo, una herejía de los tiempos presentes. Lo observan desde sus dogmas, que convierten en celdas de concreto, temiendo subvertir sus creencias por ser parte de un movimiento ecuménico.

Ser ecumenista no es negar o traicionar las creencias de uno. Participar de dichos movimientos tiene una doble orientación: difundir lo que uno cree y conocer aquello que los otros enseñan, y en esa unión, se logra comprender el significado de la Unidad Trascendente de las Religiones que autores como Rene Guenon, Frithjof Shuon, Mircea Eliade, Julius Evola, Ananda Coomaraswamy, Titus Burckhardt y tantos otros estudiosos de las religiones desarrollaron. La falta de comprensión y el cerramiento mental de muchos (clero y laicos) llegan a negar el Ecumenismo, y aprovechar dicho rechazo para menospreciar a otras religiones, hasta aquellas que parten del mismo tronco de la Revelación.


Nazareo Carlos Cousillas junto al Mahatma Brahmachary Krishananda Ji, presidente del Parlamento Argentino de Religiones, en el Santuario Ecuménico "Reflejos del Sol y la Luna" (octubre 2010)

Nuestra Iglesia es Ecuménica, y desea que todas las religiones que buscan una sana elevación espiritual, puedan conquistar una sociedad enferma de materialismo e individualismo que lleva a consecuencias nefastas como la guerra, el hambre, la destrucción del medio ambiente y tantas cosas terribles que aniquilan la Humanidad.

Nuestra Iglesia Ortodoxa Bielorrusa Eslava ha participado desde su desarrollo en la Argentina en los inicios del nuevo siglo, en participar de un trabajo ecuménico afiliándose el Parlamento Argentino de Religiones, y participando de otro organismos a nivel regional e internacional. Todas estas acciones se coronan con nuestra participación en actividades académicas que reúne a especialistas nacionales e internacionales en el estudio de las religiones.


Mons. Franc Primozic junto a Mons.++Juan Carlos Urquhart de la Iglesia Episcopal Antigua de Argentina (visita 09-05-10 a la Capilla de Piedra de San Jorge - San Vicente - Prov. de Buenos Aires)



Mons. Teofano leyendo un escrito de Swam Prabhavananda donde describe el descubrimiento de la sabudiría de Cristo, durante la inauguración del Santuario Reflejos del Soy y la Luna en Sierra de los Padres (Prov. de Buenos Aires). En la imagen, el presidente del Parlamento Argentino de Religiones Mahatma Brahmachary Krishananda Ji y el Nazareo Carlos Cousillas, fundador del Santuario


Para culminar, queremos reproducir un extracto del libro de Swami Prabhavananda “El sermón de la Montaña según la Vedanta” (Edit. KIER 1985), donde nos muestra un ejemplo claro del ecumenismo que compartimos, una lección para aquellos que discriminan otras creencias, pero principalmente, un ejemplo para los que profesamos la religión cristiana y que ven con malos ojos a las religiones “paganas” de oriente.

Tal como se refiere la San Antonio en sus escritos compilados en la Filocalia: “La providencia divina es aquella que tiene al mundo en sus manos. No existe ningún lugar abandonado por la Providencia. Es Providencia la Palabra perfecta de Dios, la que da forma a la materia que constituye al mundo, que es creadora.”

Lo Divino llego a todos los rincones de la tierra. El Ecumenismo reúne todas sus partes, aquellas olvidadas, aquellas ocultas, aquellas rechazadas por la intolerancia.

Xristos Anesti!
Mons. Teofano, Lic. Juan Manuel Garayalde
Iglesia Ortodoxa Bielorrusa Eslava
Secretario - Parlamento Argentino de Religiones


“El Sermón del Monte según el Vedanta”
SWAMI PRABHAVANANDA

No soy cristiano, no soy teólogo, no he leído las interpretaciones de la Biblia de los grandes eruditos. He estudiado el Nuevo Testamento como he estudiado la escritura de mi propia religión, la Vedanta. La Vedanta, que evolucionó de los Vedas, la más antigua de las escrituras hindúes, enseña que todas las religiones son verdaderas en la medida en que conduzcan a una misma meta: la realización de Dios. Por tanto, mi religión acepta y reverencia a todos los grandes profetas, maestros espirituales y aspectos de la Deidad adorados en diferentes fés, considerándolas manifestaciones de la única verdad subyacente.

Sri Ramakrishna

Como monje joven, moré en estrecha asociación con la mayoría de los discípulos monástico de Srí Ramakrishna, el fundador de la orden a la que pertenezco. Estos hombres satos vivían en la consciencia de Dios y nos enseñaban los métodos por los cuales uno puede alcanzar el estado último y bendito de la unión mística –el samadhí, como se lo llama en la Vedanta- (…)
Uno de los discípulos de Sri Ramakrishna fue mi maestro, el Swami Brahmananda. Aunque él no era un estudioso de la Biblia, por su propia experiencia espiritual enseñaba, en gran medida, del mismo modo que Cristo lo hiciera, y con frecuencia usaba casi las mismas palabras. Mi maestro había visto a Cristo en visión espiritual, y todos los años celebraba la Navidad ofreciendo un culto especial a Cristo, costumbre que se ha observado en todos los monasterios de la Orden de Ramakrishna hasta el día de hoy. En esas ocasiones, ofréndase frutas, pan y pastel, según la usanza hindú. A menudo hay una disertación sobre Cristo; o se lee el relato de la Natividad o el Sermón del Monte.
Una de estas celebraciones navideñas, la primera a la cual asistí, tuvo gran relación con lo que Cristo significa para mí. Tuvo lugar en 1914, en el Math de Belur, cerca e Calcuta, donde está situada la sede central de nuestra orden. Yo había viajado al monasterio precisamente pocos días antes. En la Víspera de Navidad, nos congregamos ante un altar en el que se había ubicado un cuadro de la Virgen y el Niño. Uno de los monjes mayores celebró el culto con ofrendas de flores, incienso y comida. Muchos discípulos de Sri Ramakrishna asistían al servicio, entre ellos mi maestro, que era presidente de nuestra Orden. Mientras estábamos sentados en silencio, mi maestro dijo: “Meditad en Cristo por entro, y sentid su presencia viva”. Una intensa atmósfera espiritual penetró en la sala de culto. Nuestras mentes se elevaron, y nos sentimos transportados dentro de otra conciencia. Por primera vez comprendí que Cristo era tan nuestro como Krishna, Buddha y oros grandes maestros iluminados a quienes reverenciábamos. (…)

Templo en la ciudad de Dakshineswar, lugar donde Sri Ramakrishna tuvo su revelación

Durante muchos años ha existido una íntima conexión espiritual entre Cristo y mi orden monástica, que empieza con su fundador, Sri Ramakrishna.. (…)
Fue hacia 1874 que Sri Ramakrishna se interesó activamente en el cristianismo. Un devoto que acostumbraba visitar al Maestro en el jardín del templo de Dakshineswar, cerca de Calcuta, le explicaría la Biblia en bengalí. Un día, mientras Sri Ramakrishna estaba sentado en la sala de recibo de la casa de otro devoto, vio un cuadro de la Virgen y el Niño. Absorto en la contemplación de este cuadro, vio que de pronto cobraba vida y refulgencia. Un amor extático por Cristo llenó el corazón de Sri Ramakrishna, y llegó hasta él la visión de una iglesia cristiana en la que los devotos quemaban incienso y encendían cirios antes Jesús. Durante tres días, Sri Ramakrishna vivió bajo el hechizo de esta experiencia. Al cuarto día, mientras caminaba por un soto de Dakshineswar, vio a una persona de sereno continente que se acercaba con su mirada fija en él. Desde los meandros más recónditos del corazón e Sri Ramakrishna le llegó la realización: “Este es Jesús, quien derramó la sangre de su corazón para la redención del género humano. Este no es otro que Cristo, la encarnación del amor”. Entonces, el Hijo del Hombre abrazó a Sri Ramakrishna y entró en él, y Sri Ramakrishna entró en samadhi, el estado de consciencia trascendental. Así, Sri Ramakrishna se convenció de la divinidad de Cristo.

Swami Brahmananda, discipulo de Sri Ramakrishna, uno de los fundadores de su Orden.

Poco después e la muerte de Sri Ramakrishna, nueve de sus jóvenes discípulos se congregaron, en una noche de invierno, ante un fuego sagrado para tomar sus votos de renunciamiento formal: de allí en adelante iban a servir a Dios como monjes. Su jefe, el futuro Swami Vivekananda, narró a sus hermanos el relato de la vida de Jesús, pidiéndoles que ellos mismos se convirtiesen en Cristos, que se comprometiesen a ayudar en la redención del mundo, y que se negasen a sí mismo como Jesús lo había hecho. Después, los monjes descubrieron que esta noche había sido la Nochebuena cristiana –una ocasión muy propicia para sus votos.
Así, desde los primeros días de nuestra Orden, Cristo ha sido honrado y reverenciado por nuestros swamis como uno de los más grandes maestros iluminados.

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