martes, 20 de septiembre de 2011

Esperando la Primavera


ESPERANDO LA PRIMAVERA
"Yo duermo pero mi corazón vela" (Cant. 5, 2)



De las copas peladas de los arbustos, comienzan a asomar los colores de la primavera.
Comunidad Ortodoxa San Pacomio - Rafael Calzada - Argentina


FILOCALIA



San Juan Climaco

La Oración del Hesicasta

La soledad del cuerpo es la ciencia y la paz, de la conducta y de los sentidos; la soledad del alma, la ciencia de los pensamientos y un espíritu inviolable. El amigo de la soledad es un espíritu animoso e inflexible, centinela sin sueño ante la puerta del corazón para derribar y matar a los que se aproximan. Aquél que practica esta soledad en lo profundo de su corazón comprende lo que yo digo: aquél que está todavía en la primera infancia no la ha gustado y no la comprende. El que sabe no tiene necesidad de palabras; está iluminado por la ciencia de las obras.

El hesicasta es aquél que aspira a circunscribir lo incorporal en una morada de carne. Como el gato espía al ratón así el espíritu del hesicasta acecha al ratón invisible. No desdeñeis mi comparación pues así mostraréis que no conocéis todavía la soledad. El caso del cenobita no es el del monje solitario. El monje necesita una gran vigilancia y un espíritu libre de agitación. El cenobita tiene a menudo el apoyo de un hermano, el monje el de un ángel. Las potencias espirituales permanecen con los verdaderos solitarios y se asocian al culto que ellos rinden a Dios.

Pantocrator acompañando en las labores de la mañana

Las oraciones en una de las últimas mañanas frías del invierno


Diadoco de Fólice

Definiciones. Discurso Ascético

54. Cuando, frente a las indisposiciones del cuerpo que nos asaltan, nos irritamos excesivamente, debemos comprender que nuestra alma se encuentra aún sometida a los deseos del cuerpo y, entonces, ansiando la prosperidad material, no quiere retirarse de los bienes de la vida, sino que juzga como un gran impedimento al no poder usar las cosas bellas que la misma ofrece, por culpa de las enfermedades; pero si acepta la molestia de la enfermedad dando acción de gracias, es claro que no está lejana de los confines de la impasibilidad. Es entonces que acepta con alegría también la muerte, como ocasión de una vida más valedera.

55. El alma no puede desear separarse del cuerpo, si su disposición respecto de este aire (que respira) no es de total indiferencia. En efecto, todos los sentimientos del cuerpo se oponen a la fe, ya que actúan solamente en las cosas presentes; aquella, sin embargo, anuncia la magnificencia de los bienes futuros. Conviene, pues, el luchador no ocuparse más de árboles de ramas frondosas y de mucha sombra, o de fuentes ricas en agua, o de prados variopintos y floridos, o de estancias con la familia, ni –si fuera el caso- (le conviene) recordarse de honores solemnes. Deberá usar lo necesario con rendición de gracias, y considerar a la vida como un camino extranjero, desierto de toda imposición carnal. Y así, solamente si restringimos nuestra mente, le encaminaremos por entero hacia la vida eterna.


El frío invernal se cuela en la obra - Las oraciones que llenan de calor el corazón

Comunidad Ortodoxa San Pacomio - Centro Agroecologico - Rafael Calzada


61. Cuando el alma ha sido turbada por la ira, o entorpecida por la desmesura en los alimentos, u oprimida por un gran desánimo, el intelecto no puede –aunque se esfuerce por hacerlo- ser dueño del recuerdo de Dios. En efecto, estando totalmente oscurecido por la vehemencia de las pasiones, se torna completamente extraño al sentido que le es propio. Por lo tanto, el deseo no tiene dónde imprimir su sello, para que el intelecto lleve siempre presente la forma de la meditación, siendo dura la memoria de la mente, por la crudeza que le viene de las pasiones. Si el intelecto, sin embargo, se encuentra libre de las mismas, aunque el objeto deseado le es robado por breve tiempo por el olvido, de nuevo, usando la actividad que le es propia, toma ávidamente esa presa tan deseada, la que junto con el alma medita y clama al Señor Jesucristo, como una madre que enseña al propio hijo al nombre “padre” y lo repite con él, hasta inducirlo en la costumbre de llamar claramente, aun en el sueño, “padre” , en lugar de un balbuceo infantil cualquiera. Por eso el Apóstol dice: Así también el Espíritu socorre nuestra debilidad, ya que no sabemos lo que debemos pedir como es debido, sino que el Espíritu mismo intercede por nosotros, con gemidos inexpresables (Rm. 8, 26)

En la noche, con amigos inseparables, despidiendo el invierno


Xristos Anesti!
+Teofano

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